Génesis 2:4-25 La creación del hombre

 

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 Génesis 2.4-25 PDF

 

 

Génesis 2:4-25 La creación del hombre

1. Introducción.

Buenos días queridos hermanos.
Si fuera la primera vez que nos encontramos (imagina que acabamos de llegar de Bolivia y estamos hablando por primera vez) Y yo te pregunto ¿Quién eres tú?, ¿Qué respuesta me darías? Si yo te mirara con una expresión inquisidora y una mirada curiosa y te pidiera que me expliques, que definas qué eres, quién eres, cómo te defines en una sencilla oración. ¿Qué responderías?
Parece una pregunta simple. La mayoría de nosotros respondería simplemente con su nombre: «Yo soy Martín» y luego quizá nuestra actividad o profesión: «soy pastor/periodista», estudios o carrera. Otros quizá se presentarían más por lo que son en el círculo íntimo de su familia: «soy el papá se tres hijos«, «soy esposo de Carla».
¿Cómo te defines? ¿Qué define tu vida?, ¿Lo que haces?, ¿tu carrera o estudios?, ¿tu raza?, ¿tu nombre o apellido?, ¿Tus logros?
Nuestro pasaje de hoy tiene mucho que enseñarnos acerca de quiénes somos, para qué fuimos creados. Y es muy importante entender lo que la Biblia nos enseña al respecto. Veremos dos regalos que Dios nos ha dado como parte de su propósito para nuestras vidas, sin embargo estos dos regalos no se convierten en aquello que nos define, no llegan a ser el propósito final de nuestra creación.
Oremos.

2. La creación del HOMBRE: Dios le dio trabajo y familia.

La semana pasada vimos el episodio de la creación. Vimos que la Biblia nos enseña que Dios creó todas las cosas por iniciativa propia. Y creó todo bueno y ordenado con el poder de su Palabra.
También vimos que Dios creó al hombre, lo crea varón y mujer,  ambos a la imagen y semejanza de Dios, semejantes a Dios. Esto no quiere decir que el ser humano se llega a parecer Dios en sus atributos eternos y poderosos, no quiere decir que el ser humano es un «Dios chico», o que sea de su misma sustancia. Lo que quiere decir es que el ser humano es, de alguna manera, la extensión de la propia personalidad de Dios en el mundo. El hombre es su representante. Dios le entrega el dominio, el cuidado y gobierno de toda la creación, de todo el mundo, el planeta y lo que hay en ellos ¡Sobre todo ser vivo que habita el planeta!
Esa es la maravillosa y sorprendente imagen que nos presenta el capítulo uno acerca de nuestro origen: fuimos creados por Dios, fuimos diseñados, fuimos hechos diferentes y superiores al resto de toda la creación y Adán y Eva fueron colocados sobre todos los demás seres vivos para gobernarnos.
¡Qué cuadro más impresionante!
Sin embargo no hay lugar para el orgullo en esta historia. El capítulo dos se centra en la creación del hombre con más detalle y nos enseña que por muy gloriosa y magnífico que es el ser humano como cúspide de toda la creación, fuimos hechos del polvo de la tierra.
¡Que forma tan impactante de mostrar nuestra realidad como seres creados! Por muy importante que sea nuestra condición sobre el resto de la creación, nosotros somos también una creación y nuestro origen es el más sencillo y básico de la tierra.
Pero dijimos que este pasaje va a responder a las preguntas ¿Para qué fuimos creados? ¿Por qué estamos en esta tierra?
Bueno, veamos algunas respuestas que nos da el Génesis:

2.1. Para qué y por qué. El trabajo.

El versículo 5 indica que no había nadie quien cultive la tierra. El planeta gozaba de un clima benigno y las plantas y vegetales que Dios había creado crecían de forma natural y prácticamente espontánea (5, 6). Entonces Dios formó al hombre del polvo.
Luego el versículo 8 nos muestra que Dios mismo puso al hombre en un huerto que Él mismo había plantado. ¡Era el huerto! La forma en que es descrito este lugar es impresionante. Allí crecía todo árbol deleitable a la vista, bueno para comer. De este huerto surgía un río que regaba todo, un río tan lleno de agua que se dividía en cuatro. Y en sus riberas las tierras están llenas de abundancia. Hay oro (y del mejor), v.11, hay bedelio que es una resina aromática que se obtiene de los árboles, y hay ónice que es una piedra preciosa.
Todo es abundancia, todo es bueno, todo es agradable, todo es lleno de vida y los recursos son abundantes ¡Y todo es provisto por Dios!
Lo que nos está mostrando las Escrituras en estos pasajes queridos hermanos es la bondad de Dios, la generosidad de Dios, cuán amoroso es Él. Él planta el primer huerto, Él provee el lugar, la abundancia, los recursos. Podemos aprender mucho del carácter de Dios, pero lo que resaltan estos versículos es la bendición del trabajo.
¿Te diste cuenta que Dios provee todo eso con la finalidad de que el hombre realice su labor? Queridos, el trabajo es bueno.
Nace de la generosidad de Dios, viene de su ejemplo, Él trabajó, Él sembró el primer huerto.
Mira el versículo 15:
«Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara.»
El trabajo no es una carga que vino como castigo sobre el ser humano. El trabajo es parte de la creación, Dios le dio trabajo a Adán. Dios dignifica al trabajo.
Y Dios no solamente le da al hombre todo lo necesario para trabajar y una tierra repleta de abundancia y cosas preciosas. También le da todo lo necesario para vivir y alimentarse. Los versículos 16 y 17 contienen esta idea: El hombre puede comer de todo árbol del huerto, esto quiere decir que todos los árboles en el huerto plantado por Dios eran buenos para comer, excepto uno.
Y aquí vemos el primer mandamiento que Dios le da al hombre (v. 17):
«pero no debes comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque el día que comas de él ciertamente morirás. »
Este árbol había sido plantado por Dios mismo en medio del huerto (v. 9). ¿Por qué? Bueno, ésta es una forma de mostrarle clara y visualmente al hombre quién manda, quién tiene la última palabra. El ser humano está por encima de toda la creación, gobierna, dirige, sojuzga, pero su dominio no es total, hay un árbol que del que no debe comer. Ellos son vicepresidentes, no presidentes.
Por otro lado ¿Qué quiere decir la prohibición de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal?
Tiene que ver con lo mismo, con la autoridad final. Adán y Eva no tenían ese conocimiento, ellos debían aprender de Dios qué era bueno y qué era malo, ellos debían aprender de Dios y confiar en Dios para saber cuáles son los límites del bien y del mal.

2.2. Para qué y por qué. El matrimonio (la familia).

Volvamos a Adán. Él ya tenía un trabajo cuidar y cultivar al huerto, ya tenía un lugar para trabajar (el mejor entorno de trabajo con los mejores recursos ilimitados). Además que tenía todo lo necesario para disfrutar de este trabajo, todo fruto delicioso para comer.
Sin embargo llegamos al versículo 18 y leemos por primera vez en esta creación ideal que algo no es bueno:
«Y el SEÑOR Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea.» (LBLA).
La soledad del hombre no fue buena. El ser humano fue creado para vivir en comunidad. El matrimonio es un diseño de Dios, no un invento humano.
Luego en una especie de búsqueda Dios le presenta los animales a Adán. La Biblia dice que Dios lo hizo para que Adán les de nombre (v. 19), no era la intención de Dios encontrar una la compañía ideal para Adán de entre los animales. Sin embargo el relato sirve para enfatizar que ninguno de los animales puede ser esa ayuda idónea, esa ayuda ideal (v. 20) y Adán tiene que darse cuenta de eso.
Así que Dios crea a la mujer a partir del mismo hombre, a partir de una de sus costillas (v.21) ¿Qué quiere decir esto? ¿Por qué no formar a la mujer de forma independiente? Hay poderosas razones:
En primer lugar vemos claramente una distinción: la mujer no es como el resto de los animales o el resto de la creación, ella es de la misma naturaleza y esencia del hombre, por lo tanto es del mismo valor e igualmente recibidora de las bendiciones que son para Adán. En ningún lugar de las Escrituras se muestra una inferioridad de la mujer en términos de su valor, significado o  posición frente a Dios.
Las palabras de Adán resaltan este hecho. En el versículo 23 encontramos esta expresión de asombro, de admiración y sorpresa. Éstas son las primeras palabras registradas del primer hombre, vale al pena mirar con atención qué es lo que dijo, de hecho sus palabras son una poesía, una canción.
En la mayoría de nuestras Biblias la expresión de Adán comienza con las palabras «Ésta es…», pero la primera palabra hebrea en el poema es: «al fin». Lo que Adán está diciendo es: «Ella es lo que he estado buscando toda mi vida.» ¡Adán era romántico!
Ahora alguno puede pensar: «ya Adán, que bonito que lo digas, pero en realidad tu vida no ha sido tan larga». Está bien, el punto es que él está diciendo, «Por fin», es decir, «Esto es lo que he estado buscando toda mi vida.»
¿Y qué es Eva para él?
«Hueso de mis huesos y carne de mi carne». Eso suena raro. ¿Qué significa? Es una forma poética de decir: «Al verte, sé lo que soy. Me he encontrado en ti. No me encontré en ningún otro ser; al estar frente a ti veo a alguien que me ayuda a ver quién soy yo. Por fin, por fin, al descubrirte a ti me he descubierto quién soy yo». Eso es lo que está diciendo.
Y es algo sumamente profundo y poderoso.
En estos versículos se instituye el matrimonio. El matrimonio consiste en dejar toda otra lealtad y fidelidad «dejará a su padre y a su madre», esto también implica independencia emocional y práctica. Y, sobre todo, el matrimonio consiste en la unidad de un hombre con una mujer: «se unirá a su mujer» y «serán un solo ser».
Queridos hermanos, claramente la Biblia nos muestra que el ser humano ha sido creado para vivir en comunidad, el resto del Génesis nos habla de cómo Dios se propone formar un pueblo, una nación. Porque siempre se trató de un pueblo que vive bajo su bendición y en unidad. En el jardín del Edén este pueblo es Adán y Eva. Porque de todas las relaciones humanas donde más visiblemente se expresa esa unidad es en el vínculo del matrimonio.
También quiero decir que la visión bíblica del matrimonio es la correcta, la que realmente responde a las necesidades de los hombres y las mujeres. Por años el mundo y las diferentes sociedades han vivido diferentes modelos en sus matrimonios. Modelos que a la larga no dan respuestas satisfactoria a nuestras necesidades y solamente llevan a un camino de distanciamiento y separación en los matrimonios.
Por años los matrimonios adoptaron el modelo machista, donde el hombre se considera superior a la mujer y ella debe servirle, este modelo ha demostrado ser incorrecto, dañino y malvado.
Sin embargo la respuesta de una sociedad sin temor a Dios ha sido ir al otro extremo y ha surgido el modelo igualitario, donde no hay distinción en los roles dentro del matrimonio y se propone que ambos son enteramente iguales. En la práctica las mujeres han tomado un rol protagónico en las decisiones y en el liderazgo de la familia, mientras que el hombre se ha resignado a un papel pasivo y flojo bajo este modelo.
La Biblia nos ha mostrado que ambos son del mismo valor, pero claramente hay una distinción de roles. Ni el machista, ni el igualitario son modelos bíblicos, y no son modelos correctos.
Adán es formado primero, a él se le da la instrucción de cuidar, de no comer el fruto, la responsabilidad es suya y cuando sea la mujer quien coma del fruto no será a ella a quien Dios exija cuentas. Por otro lado Eva es formada para ser ayuda idónea a Adán, no para gobernarlo ni educarlo o manipularlo.
El modelo bíblico del matrimonio no es machista, tampoco feminista o igualitario, el modelo bíblico del matrimonio es complementario. Ni Adán es sin Eva ni Eva sin Adán. Ambos tienen roles distintos y son complementarios. Las palabras de Adán resaltan esta verdad con poder: «eres carne de mi carne y hueso de mis huesos». Es como en la película «Jerry Maguire», cuando el esposo se da cuenta que estaba por perder a su esposa va corriendo donde ella y le dice aquello que tanto le había costado comprender: «tu me completas». ¡Este es el modelo bíblico del matrimonio! Donde marido y mujer se complementan cumpliendo los roles que Dios ha diseñado para ambos.

3. La creación del hombre: su verdadero significado y propósito.

Entonces ¿podemos decir, a partir del Génesis, que el propósito del ser humano es ejercer un trabajo? Si, pero no es esa la razón final por la que fue creado, pues no estaba completo. ¿Podemos decir que fue creado para la comunidad, para la familia y el matrimonio? Si, pero esta tampoco es la razón final, el propósito último para qué fue creado el hombre.
El capítulo 2 del Génesis nos ha mostrado claramente estas dos facetas de la creación del hombre y podemos evidenciar en toda la historia de la humanidad que tanto el trabajo como la comunidad, el vivir en comunidad y familia, definen y dan propósito y dignidad al ser humano.
Pero el Génesis contiene una verdad mucho más profunda, mucho más grandiosa, un propósito mucho más elevado y sublime para nuestra creación, algo que no solamente nos puede dar dignidad y significado sino que nos puede dar un verdadero propósito, una verdadera razón para vivir. Esta poderosa verdad ha sido entretejida en todo este capítulo y quiero invitarte a verlo conmigo.

3.1. El aliento de Dios en nuestras vidas.

Mira nuevamente el versículo 7, ¿Qué es lo que dio vida al polvo del que fue formado el hombre? El aliento de Dios, por lo tanto lo que da vida, lo que define y hace posible que vivas no es tu trabajo, tampoco es tu esposo o esposa ¡Es Dios! Vivimos solamente por Él, porque Él lo hace posible.

3.2. La provisión de Dios en nuestras vidas.

Los versiculos 8 al 14, del Génesis nos muestran que la iniciativa de proveer un trabajo y las condiciones ideales para ese trabajo nace en Dios.
En el versículo 18 es Dios quien ve la necesidad de Adán, es Él quien le provoca un sueño profundo, en el 21 y es Dios quien le presenta a Eva.
Todo lo que define la vida del ser humano es posible por Dios, es provisto por Él y Adán solamente puede tener todo eso (incluido el amor de su mujer) porque Dios se lo ha dado. Adán sólo puede disfrutar de su trabajo y su familia sólo por Dios, sólo porque Él lo hace posible.

3.3. La desnudez como símbolo de nuestro propósito.

El capítulo termina con el versículo 25 y la conclusión es que ambos, Adán y Eva estaban desnudos. Esto es mucho más que una simple descripción de la falta de vestimenta. Es una poderosa declaración de que no tenían nada que esconder, no tenían nada de qué avergonzarse. No sentían miedo ni vergüenza el uno del otro y, sobre todo, ante Dios. Ellos fueron creados para disfrutar esa relación sin temor ni vergüenza delante de Dios.

3.4. La razón más poderosa detrás de nuestra creación: vivir bajo la autoridad de Dios.

Pero la evidencia más fuerte para conocer por qué fuimos creados, para qué fuimos creados está en los versículos 16 y 17. Con la orden de Dios de no comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Fuimos creados para vivir bajo el gobierno de Dios.
Obedecerle es lo que trae verdadero significado a nuestras vidas. En obedecerle hay verdadera realización, verdadera alegría. Obedecerle es bueno y agradable.

4. Conclusión.

Queridos hermanos ¡Fuimos creados para vivir bajo el gobierno de Dios!
No es el trabajo lo que define nuestras vidas ¡Dios es!
No es la familia o nuestras relaciones lo que definen nuestras vidas ¡Dios es!
Tenemos que darnos cuenta que es perfectamente posible que disfrutemos estas bendiciones sin Dios, pero al hacerlo no solamente será imposible que las disfrutemos en plenitud, sino que existe un poderoso riesgo que finalmente se conviertan en ídolos que nos alejen de Dios y nos traigan dolor y amargura.
Déjenme explicar cómo el trabajo y el matrimonio o las relaciones pueden convertirse en ídolos:
Un ídolo, según la Palabra de Dios no es una estatua a la que adoramos, un ídolo es todo aquello que ocupa el lugar de Dios. Un ídolo es todo aquello (cosa, situación o persona) que se coinvierte en nuestra fuente de seguridad, en nuestra fuente de significado y en nuestra fuente de alegría. Todo aquello que ocupa el lugar de Dios en nuestras vidas.
Así podemos llegar a convertir de nuestro trabajo nuestro ídolo ¿Cómo? Cuando vivimos para trabajar, cuando el trabajo se convierte nuestra razón de ser, cuando te levantas cada mañana y lo primero que tienes en tu mente es tu trabajo, cuando ves los fines de semana como un pequeño estorbo para seguir trabajando, cuando no ves la hora de que terminen los feriados para volver al trabajo, cuando tu seguridad y autoestima dependen de tu cargo, de tus estudios, de tu actividad. El trabajo se convierte en nuestro ídolo cuando nos llena de temor la idea de perderlo o de fracasar, cuando me siento bien si estoy cumpliendo con mis metas, el «trabajo» puede ser también tus estudios o tu labor aunque no sea un trabajo formal.
También podemos hacer un ídolo del trabajo cuando le tenemos miedo, cuando somos irresponsables, cuando vemos el fin de semana como insuficiente para volver a esa pesada actividad, cuando te sientes esclavo o esclava de lo que haces,  cuando te sientes insatisfecho con lo que terminaste siendo o estudiando, cuando estás insatisfecho con lo que haces y te consideras menos. Cuando ves constantemente cuánto tienes o cuánto te falta, cuando ves con deseos lo que otros son o no tienen. Cuando ves tus responsabilidades actuales como inferiores para ti. Si esa es tu actitud, entonces el trabajo se ha convertido en un dios funcional, en tu fuente de alegría, de realización y perderlo de atemoriza o no tenerlo te llena de inseguridad.
Por otro lado podemos hacer del matrimonio un ídolo, de las relaciones humanas también. Cuando tu pareja se convierte la fuente de tu seguridad y alegría, tu orgullo y tu pasión y el sólo pensamiento de perder a esa persona te llena de temor. También puede convertirse en tu ídolo cuando no tienes a esa persona especial a tu lado y te lamentas y sufres y caes en una tristeza depresiva por tu soledad que no ves las personas que Dios ha puesto cerca tuyo. Podemos hacer de nuestros hijos y familias, amigos e incluso nuestra comunidad de fe, un ídolo. Cuando estas personas o relaciones ocupan un lugar en nuestros pensamientos y corazones que le pertenece sólo a Dios.
Queridos hermanos escúchenme por favor. No estoy diciendo que debemos renunciar a nuestros trabajos y despreciar las relaciones humanas. Estoy diciendo que existe un terrible peligro de hacer a nuestro oficio o trabajo y a nuestras familias y relaciones lo más importante de nuestras vidas. Estoy diciendo que la Biblia nos muestra en el capítulo 2 de Génesis que todas estas cosas nos han sido entregadas por Dios para vivirlas bajo su gobierno ¡Él es lo más importante de nuestras vidas! Él debe definir nuestras vidas.
¿Cómo hacemos de Dios lo central de nuestras vidas? ¿ Cómo vivimos bajo su gobierno?
Bueno, el resto de las Escrituras responden estas preguntas. Pero déjame decirte a partir de este capítulo que vemos claramente que se trata de algo relacional, de una relación íntima que sólo es posible por los medios que Dios provee.
No se trata de algo que hacemos o fabricamos o alcanzamos. Vivir bajo el gobierno de Dios es posible solamente si Él provee los elementos y los medios, tal como lo hizo con Adán.
Y cuando leemos el Nuevo Testamento, encontramos que el único medio, la única forma posible es mediante la fe en Jesucristo.
¿Cómo quieres vivir tu vida? ¿Tú trabajo, tu matrimonio, tu familia y tus relaciones están bajo el gobierno de Dios? ¿Están de acuerdo al modelo de Dios? ¿Bajo sus estándares e indicaciones?
Quiero invitarte a considerar estas preguntas íntimamente en tu corazón. Sé serio en cómo vas a responder y no me respondas a mí, responde a Dios. Si es necesario arrepentirse y pedir perdón hazlo, no esperes. Y si pides perdón, también sé decidido a cambiar tu forma de vivir, tu forma de ver quien eres, tu forma de ver lo que haces y con quienes te relacionas.
Oremos.

 

 

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