2 Sam.21:1-14 “El pecado de Saúl”

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Sermón 2 Samuel 21.1-14 PDF 

El pecado de Saúl, una historia de Expiación

Introducción.

Con el capítulo 20 terminamos un episodio grande del libro. El autor nos da un recuento de la administración de David: después de muchos problemas me la familia, sublevación, dolor y muerte se restaura el orden en el reino, se reorganiza el Gobierno. Esta es una conclusión a la historia del libro, en un poderoso sentido aquí termina la historia de David, él ya no es más el protagonista y se abre el último capítulo del libro.

En este capítulo final, Samuel nos revela la naturaleza del verdadero Rey de Israel.

Oremos.

1. El pecado de Saúl y sus consecuencias.

El primer versículo nos dice que Israel vivió días de hambruna. Exactamente esta hambruna duró 3 años. Y esta tragedia sucedió durante el reinado de David.

Sabemos que el territorio israelita depende constantemente de las lluvias para tener cosechas, una sequía implica automáticamente una hambruna así que es muy probable que esta hambruna se originó por un tiempo de sequía. Al final da lo mismo, la pregunta que importa es: «¿Por qué?».

David sabe que es Dios, el dueño del universo quien controla la naturaleza, por lo tanto busca revelación. Seguramente consultó mediante los sacerdotes, el Urim y el Tumim. La respuesta es clara y directa: «De esto tienen la culpa Saúl y su familia de asesinos, pues mataron a los gabaonitas. » (v.1).

1.1. Recordando un poco de historia.

En este punto es importante explicar el trasfondo de la historia de Israel.

Recordemos que la misión de los israelitas era tomar posesión de la tierra que Dios les había prometido a su antepasados. Ellos debían entrar en Canaán y destruir o expulsar a los cananeos que habitaban en toda esa región.

Esta campaña comenzó en los días de Josué, el sucesor de Moisés. En aquel entonces los israelitas era una fuerza demoledora e imparable con la ayuda de Dios y entraron en la tierra prometida derrotando a toda nación que habitaba delante de ellos.

Pero hubieron unos cananeos que se dieron cuenta de lo que estaba pasando, ellos vieron que los israelitas venían de parte de Dios como su instrumento para juzgar a los cananeos y vieron que tenían el respaldo de Dios. Estos fueron los gabaonitas

Ellos lograron engañar a Josué disfrazándose como gente de otro país lograron que Josué haga un pacto entre Israel y los gabaonitas. Como resultado de este pacto los gabaonitas quedaron como sirvientes de Israel (leñadores y aguadores). Todo esto está registrado en el libro de Josué, capítulo 9.

Lo importante de este pacto es que Israel se comprometía a no atacar ni matar a los gabaonitas.

Este fue el pacto que Saúl rompió asesinando a muchos gabaonitas.

Ahora es interesante notar que no sabemos cuándo Saúl rompió este pacto. Es muy probable que fue durante el periodo de su reinado donde se dedicó a perseguir a David. En esos días él se caracterizó por ser impulsivo y asesinar sin medida, incluso a los sacerdotes del Señor.

El punto es que el pecado de Saúl no había sido resuelto. El había cometido una injusticia y una terrible ofensa y todo el pueblo con él, rompiendo un pacto sagrado en el nombre del Señor. Así que Dios vio que este fue el tiempo correcto para solucionar este asunto.

2. El juicio del Señor.

Este es un pasaje sobrecogedor en las Escrituras. Para muchos es difícil entender cuál es el propósito detrás de este tipo de historias en la Biblia. Pero si dedicamos un tiempo en analizar la Palabra podremos ver las poderosas lecciones que tiene para nosotros.

Este pasaje en primer lugar nos muestra el juicio de Dios.

Nos gusta mucho hablar del amor de Dios, pero no podemos hablar de su amor si primero no hemos visto ni comprendido su justicia. Hay 4 cosas que aprendemos acerca del juicio de Dios en este pasaje:

2.1. NO OLVIDA, NO CAMBIA.

Otra forma de decirlo es que no se desvanece en el tiempo y el olvido.

Nosotros decimos «El tiempo lo sana todo… todas las heridas». Dios no está de acuerdo con eso. El tiempo ha pasado, la matanza ocasionada por Saúl ha quedado en el olvido de muchos y para los gabaonitas es muy probable que sus esperanzas de recibir justicia ya quedaron atrás. Saúl ya no está, aparentemente no hay forma de que nadie se haga responsable de ese pecado y dejar todo en el olvido.

Pero Dios no ha dejado pasar esta ofensa, Él no se le ha olvidado. Dios no pasa por alto las cosas. Su justicia llega siempre, su juicio puede demorarse, pero llega, nunca falta.

2.2. SU JUICIO ES PACIENTE, NO SE CANSA.

¡Pasaron tres años de hambruna hasta que alguien consultó al Señor la causa de su juicio! Tres años de hambre y escasez; seguramente muchos israelitas murieron en ese tiempo.

Y el castigo es apropiado por la matanza que su rey había cometido. La Ley de Israel decía lo siguiente:

«23 Pero en caso de muerte, se pagará vida por vida, 24 ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, 25 quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.» (Éxodo 21:23-25).

Esta es la forma justa de reparar una ofensa. La ofensa necesitaba ser reparada y hasta que eso no ocurra el juicio de Dios viene sobre todo Israel con paciencia ¿Cuál es el propósito de esto? Generar arrepentimiento en su pueblo, que ellos le busquen, que haya un reconocimiento de la culpa y que se asuman las responsabilidades.

2.3. RESPETA LOS PACTOS.

Otra cosa que vemos del juicio de Dios es que no viene sin razón, este juicio vino a Israel parque ellos no respetaron su pacto con  los gabaonitas. Dios honra sus pactos y espera que su pueblo lo haga también. Honrar y respetar los votos es parte de la naturaleza de Dios, tiene que ver con su fidelidad y con que Él es la verdad. Cuando su pueblo no honra sus votos, ofende enormemente a su Señor.

2.4. EL JUICIO DE DIOS NO ES CRUEL.

Finalmente Dios se revela, Él explica la razón de su enojo a su hijo David y le causa a restituir la ofensa. ¿Ven como Dios provee una manera de solucionar el dilema de Israel? Haciendo que su hijo restituya la ofensa de acuerdo a la ley.

David debe asumir la responsabilidad por los pecados de su antecesor.

Sólo mediante una satisfacción a los gabaonitas se acabaría la hambruna. A esta satisfacción o restitución se la conoce como «Expiación».

3. La respuesta gabaonita.

La respuesta es:

2 Samuel 21:5-6

«… De ese hombre que quiso destruir a nuestra familia y que pensaba borrarnos de todo Israel, queremos que nos des siete de sus hijos. Queremos ahorcarlos delante del Señor en Gabaa de Saúl, el que fue elegido del Señor.»

Esto levanta la siguiente pregunta: ¿Es justa esta petición de un sacrificio humano en compensación por la ofensa recibida?

Sí, es justa y bíblica. Los gabaonitas habían pasado a ser parte de Israel, ellos conocían la ley de Dios y su palabra.

Deuteronomio 19:21

«21 No tengas compasión de nadie. Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.»

La respuesta inicial de ellos fue «no nos interesan el oro ni la patata…» (v. 4), ellos sabía que no había objeto ni dinero que podría pagar por las vidas que perdieron. Ellos seguramente sabían lo que la palabra de Dios decía al respecto:

Números 35:31

«31 ”No podrán recibir dinero a cambio de la vida de un homicida, pues está condenado a muerte, y sin falta morirá.»

La Expiación correcta por una vida humana arrebatada era otra vida según la ley del Antiguo Testamento.

Génesis 9:6

«6 La sangre del que derrame sangre humana será derramada por otro hombre, porque el hombre ha sido hecho a imagen de Dios.»

La intención de Saúl había sido eliminar por completo a todos los gabaonitas, esto quiere decir que muchísimos de ellos habían sido asesinados por Saúl.

El pedido de los gabaonitas refleja misericordia, ellos pidieron 7 vidas, no cientos ni miles. Es muy posible que la razón para escoger este número de descendientes de Saúl es que «7» simbolizaba la «Acción de Dios» y «algo terminado».

El punto central de los siete que habrían de morir, es que ellos moriría como representantes de Saúl mismo y se toda su casa.

Al final, en el versículo 10 vemos que llega la lluvia. Esta lluvia sirvió como una señal que Dios había aceptado el sacrificio de expiación y su maldición había sido removida.

4. El tema del capítulo.

Hemos visto grande lecciones hasta ahora en este pasaje.

Hemos visto en que consiste el juicio de Dios, las terribles consecuencias del pecado y que Dios no «hace la vista gorda» hacia el pecado y vimos también la impresionante realidad y necesidad de la restitución en la muerte de los siete descendientes de Saúl.

Pero el tema de todo el pasaje es, sobre todo, acerca de guardar o romper un pacto.

Hemos visto a uno que no respetó un pacto: Saúl y las terribles consecuencias. Pero el pasaje nos muestra tres ejemplos de personas que muestran respeto y honra a los votos, tres personas que muestran fidelidad.

Uno es David, la otra persona es Rizpa y la tercera es Dios mismo.

4.1. David.

David, ahora como rey de Israel tiene que escoger siete descendientes de Saúl para que mueran.

Él busca hacer el menor daño al linaje de Saúl, finalmente son escogidos 2 hijos ilegítimos y 5 nietos nietos. Pero el versículo 7 nos muestra que David honra el pacto que había hecho con Jonatán ninguno de sus hijos es escogido para morir.

Quiero decir algo al respecto de estos siete hombres.

No hay evidencia que ellos participaron de los crímenes de su padre y abuelo, pero serán colgados en un árbol y malditos de acuerdo a la ley de Dios que decía que el que muera sobre un madero sería maldito.

¿Cuál es el mensaje de todo esto? Esta imagen de 7 hombres marchando a su muerte para pagar una culpa de otro nos horroriza y escandaliza ¡Y debe hacerlo!

El mensaje de esta situación es mostrarnos de una manera muy impactante ¡El horror del pecado!

Sólo la sangre podría pagar por el pecado cometido con sangre.

¡Este es el horror del pecado! No debemos olvidarlo.

Esta historia nos conmueve, ¡debe conmovernos más la cruz de Cristo! donde el horror del pecado y la desgracia pública cayó sobre Jesús. Que ésta poderosa escena nos traiga de vuelta a la realidad de la expiación: es una cosa terrible, sangrienta, cubierta con el hedor de la muerte impregnando el lugar donde la ir de Dios ha sido descargada.

Para que tú y yo tengamos salvación y perdón el Hijo de Dios pagó de manera mucho más impactante que estos siete llevando la culpa y el castigo de muchos.

¡No pensemos en el cristianismo como algo enteramente dulce y agradable! Para llegar a la dulzura del amor de Dios y su perdón hay que pasar por la cruz donde está la sangre derramada, el castigo, la muerte y la maldición.

4.2. Rizpa.

La segunda persona que muestra fidelidad a sus votos es Rizpa, la mujer que fue concubina de Saúl, la mamá de dos de los siete que habían sido ejecutados.

Si el anterior cuadro no te impactó piensa en este de una madre vigilando que los cuerpos de sus hijos no sean devorados, tal vez pasaron varios días en esta situación hasta que llegaron las lluvias.

El ejemplo que nos da esta mujer es el de una fe del pacto práctica. Ella guardó y honró su pacto como madre. Rizpa no pudo hacer nada respecto a las terribles situaciones de su tiempo, como nosotros tampoco podemos a veces hacer nada al respecto de las circunstancias que suceden en nuestra sociedad, pero ella no abandonó su compromiso como madre, aún después de la muerte de sus dos hijos ella busco la bendición para ellos sirviendo a su familia hasta lo último.

Y la bendición vino en la forma de la compasión del Rey David. En el versículo 11 David se entera de lo que está haciendo Rizpa y es movido por la devoción de esta mujer y manda a enterrar los restos de sus hijos y los de Saúl en la tumba familiar, dándole así honor y respeto.

Los padres, esposas, esposos, profesores de escuela dominical, amigos y los jóvenes podemos hacer la diferencia para otros e incluso traerles bendición para vida eterna.

4.3. DIOS.

Finalmente vemos que el que guarda el pacto es Dios. Él Acepto la Expiación aceptando la muerte de pocos representando a muchos. Notemos también que Dios honra la misericordia de David hacia Rizpa, el versículo 14 dice que Dios se compadeció de todo el pueblo después de que David mostró misericordia hacia Rizpa.

CONCLUSIÓN.

Este pasaje nos deja algunas preguntas que no tienen respuesta en el Antiguo Testamento: ¿Como puede la muerte de 7 hombres realmente expiar o reparar la muerte de miles?, ¿Como pueden morir cinco nietos y dos hijos por otro?, ¿Por crímenes que ellos no habían cometido?

Sobre todo, este pasaje deja una pregunta a nivel persona que es muy inquietante: si la justicia de Dios, su carácter y santidad demandada restitución por cada falta, por cada ofensa cometida ¿Qué puede pagar las faltas y pecados cometidos en mi familia?, ¿Qué puede servir de restitución por mis propios pecados?

Pero la muerte de los hijos y nietos de Saúl (los pocos muriendo por los muchos) representa que, de alguna manera, vendría un pago total y completo por las ofensas y los pecados. Así que la respuesta a lo que nos enseña el Antiguo Testamento sobre la Expiación y la reparación por los pecados viene con la llegada de Jesús. Cuando Juan el Bautista le vio, exclamó:

«…Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.» (Juan 1:29).

Los gabaonitas sabían que no existe la cantidad de dinero suficiente para pagar o que pueda reparar su pérdida, su ofensa. No hay cantidad de oro suficiente que pueda borrar la mancha del pecado.

Pero el apóstol Pedro declara:

«18 Ustedes saben que fueron rescatados de una vida sin sentido, la cual heredaron de sus padres; y que ese rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro y la plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, sin mancha y sin contaminación, como la de un cordero, 20 que ya había sido destinado desde antes de que Dios creara el mundo, pero que se manifestó en estos últimos tiempos por amor a ustedes. 21 Por él ustedes creen en Dios, que fue quien lo resucitó de los muertos y lo ha glorificado, para que ustedes tengan puesta su fe y su esperanza en Dios.»

(1 Pedro 1:18-21)

Volvamos nuevamente a los tiempos de David.

Imaginen a los descendientes de la familia de Saúl, los hijos de Mefiboset, sus nietos y todo familiar en el futuro. A ellos se les enseñaría que dentro de esa tumba no sólo están los huesos de Saúl y Jonatán, sino también de los siete hombres que murieron para apartar la maldición de Dios de su familia y del país entero. Ellos sabrían acerca del sacrificio que hicieron esos siete hombres, para que ellos, su familia, pudieran vivir, para que no vivan bajo la maldición y la culpa.

Cuando ellos pasaran por la tumba de su antepasado ¡Cuán agradecidos estarían a esos siete hombres! Me imagino el impacto que ese lugar significaría para todo descendiente de la familia de Saúl. Ellos con gratitud podían decir honestamente: «ellos murieron por mí».

De igual manera los cristianos pueden mirar hacia la cruz y decir: «¡Él murió por mí!», él murió en mi lugar, el murió para que yo no viva bajo la maldición de Dios, el pagó el precio, su vida fue el sustituto que pagó la deuda de sangre que yo tenía.

¡Cuán preciosa es la sangre de Cristo!

El Apóstol Pablo declara:

«En él tenemos la redención por medio de su sangre, el perdón de los pecados según las riquezas de su gracia»

(Efesios 1:7)

La sangre de Cristo es más completa y suficiente que la sangre de los siete descendientes de Saúl, la sangre de Cristo salva al pecador arrepentido y trae bendición.

Oremos.

 

 

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