5 Verbos: ADMINISTRAR


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3 historias:

Clara ha pasado una noche de pesadilla. Su bebé se la pasó llorando casi toda la noche y a pesar de la ayuda de su esposo, ella descansó muy poco. Cobrando ánimo, Clara se despertó para preparar continuar con sus responsabilidades. Y cuando estaba a punto de cocinar, se dio cuenta que el gas se había terminado. Y su bebé despertó. Cuando por fin pudo descansar un poco, se sentó en su sillón favorito para ver su programa favorito sólo para ver que la compañía de cable había cortado sus servicios ¡A pesar de que tenían sus cuentas al día! Así que llamó a su compañía de cable, solo para ser atendida por una grabación de una voz robótica que decía “su felicidad es nuestro máximo objetivo.” Imagina cómo se sintió Clara. Ella tuvo un buen tiempo, escuchando la irritante música pregrabada en el teléfono, para pensar todas las cosas que iba a decirle a la persona de la empresa.

Pero cuando por fin la atendieron Clara recordó que ella es cristiana. Y recordó lo tremendamente paciente que Dios es con ella. Así que decide morderse la lengua y no sacar toda su frustración por medio de las floridas y elocuentes frases que había pensado decir.

Roberto es un joven profesional y sus compañeros de trabajo le invitaron a una fiesta en la casa de uno de ellos. Esto le ha causado estrés porque él es cristiano y sabe que en esas reuniones sociales siempre hay alcohol. Y sabe qué “fome” sería tener que estar ahí, con vaso de jugo en sus manos mientras todos los demás se divierten al calor del alcohol. Roberto quiere caerle bien a esas personas, él es nuevo en la empresa y quiere tener su amistad. Pero él no sabe si hacer eso, o hacer lo que la Biblia dice y no embriagarse. Porque Roberto sabe que, cuando toma, pierde el control y termina avergonzándose a sí mismo, y a Dios. Luego de luchar con sus sentimientos por un momento, Roberto se da cuenta de que la decisión es, en realidad, simple. Cuando recuerda la muerte de Jesús en la cruz, cuando recuerda que el Señor sufrió la vergüenza, el rechazo y el alejamiento para salvarle, Roberto sabe a quién debe agradar.

Jaime ha estado esperando toda la semana que llegue el domingo porque le encanta ir a la iglesia. Le encanta compartir con otros cristianos, escuchar la Palabra de Dios y orar en comunidad. Pero, sobre todo, a Jaime le encanta cantar ¡Y cómo canta! Canta con todo su ser, su voz al máximo, con alegría y lleno de emoción.

De estas tres personas ¿cuáles dirías tú que está adorando a Dios?

La mayoría de los cristianos dirían que Jaime ¿no es cierto? Porque generalmente hablamos de alabanza o adoración, para referirnos al canto, o al culto en la iglesia.

Pero eso no es lo que la Biblia dice que es la adoración o alabanza.

Cantar o venir a la iglesia es un aspecto de nuestra adoración. Cuando cantamos a Dios estamos alabándole. Pero en la Biblia la “adoración” es toda nuestra vida entregada a Dios en obediencia como una respuesta de amor a Su gracia y misericordia.

2. Puntos de enseñanza.

2.1. La verdadera adoración.

Esto es lo que Pablo nos recuerda en estos dos versos de Romanos.

Así que, hermanos, yo les ruego, por las misericordias de Dios, que se presenten ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. ¡Así es como se debe adorar a Dios!

Romanos 12:1

Mira cómo comienza este verso: “yo les ruego por las misericordias de Dios.” La verdadera adoración parte con la misericordia de Dios. No se trata de lo que nosotros tenemos que hacer para “entrar al cielo” ¡Se trata de lo que Dios hizo para atraernos hacia Él! No se trata de lo que debes hacer, sino de lo que ya está hecho. No se trata de una recompensa sino de un regalo.

Todas las religiones del mundo, absolutamente todas, te dicen que se trata de lo que tú debes hacer para ir al cielo, o alcanzar algún ideal, un paraíso o un estado de iluminación. Todas tienen que ver con prácticas religiosas, leyes que hay que cumplir, rituales, mandamientos, tradiciones. Todas se tratan de lo que tú tienes que hacer para estar con Dios. Incluso algunas religiones que se llaman a sí mismas “cristianas.” Pero el cristianismo bíblico es enteramente de la misericordia de Dios. De Su compasión, Su gracia inmerecida.

Hoy puedes confiar de que no se trata de ti, sino de la misericordia de Dios. Tú y yo tenemos esperanza de ser perdonados únicamente porque Dios es misericordioso. Eso es lo primero que nos recuerda Pablo en la primera mitad de ese verso bíblico: Se trata de la misericordia de Dios primero.

La segunda parte del verso nos enseña que la adoración consiste también en nuestra entrega completa a Él como respuesta a Su misericordia. Se trata de rendirse a Dios en confianza plena. El ser humano está constantemente entregando su vida en manos de otras personas. Cuando nos subimos a una micro literalmente le confiamos nuestro bienestar al conductor, no solamente nuestro viaje. Si ese conductor es irresponsable o malo, nuestras vidas están en serio peligro. Dios es bueno y Santo ¡Entrégale tu vida a Él! Cada día deposita tu confianza, tu cuerpo, tu mente, tus pensamientos, emociones, anhelos, deseos, esperanza, necesidades, alegría, todo en Él.

Eso es la verdadera adoración.

Recibir la misericordia de Dios y entregarle todo tu ser en amor y confianza. Por lo tanto, para un verdadero cristiano, todo su cuerpo, todo lo que es y lo que tiene, le pertenecen en realidad a Dios.

2.2. La ofrenda agradable a Dios.

… que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional

(Romanos 12.1b LBLA).

Pablo dice que esta entrega es un acto de adoración racional a Dios. No es algo meramente emocional o circunstancial. No se trata de que “hoy siento muchos deseos de dedicarle mi tiempo a Dios”, sino de que “hoy le dedicaré mi tiempo a Dios, aunque tenga que luchar con las distracciones que me rodean.” ¡Es una entrega racional! Un acto de culto, de adoración y de entrega.

Queridos este tema es bien importante. Porque muchas veces nosotros simplemente no vamos a sentir el deseo de dedicarle a Dios nuestro tiempo, vida y recursos. Vamos a luchar con el deseo de quedarnos para nosotros mismos nuestra ofrenda. Por eso Pablo ocupa en ese verso la idea de “sacrificio”, porque es algo que hay que entregarlo por completo, como una ofrenda a Él.

En la Escritura, este es un tema bastante serio. Desde el Génesis, la Biblia nos enseña que Dios es el dueño de todo. Él es el Creador, Él hizo todas las cosas y todas le pertenecen. Y el Señor puso al hombre en la tierra para dominarla bajo Su voluntad. El ser humano es administrador, no dueño.

Y la primera ofrenda de la historia también nos enseña mucho. La primera ofrenda es la ofrenda de Caín y Abel:

Andando el tiempo, sucedió que Caín llevó al Señor una ofrenda del fruto de la tierra. Y Abel también llevó algunos de los primogénitos de sus ovejas, de los mejores entre ellas. Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda,pero no miró con agrado a Caín ni a su ofrenda. Y Caín se enojó mucho, y decayó su semblante.

Génesis 4:3-5

¿Porqué la ofrenda de Abel fue más agradable que la de Caín? Algunos pensaron que se trataba del tipo de ofrenda. Abel presentó una ofrenda de animales, mientras que Caín presentó una ofrenda de vegetales. ¿A Dios no le gustan los vegetales? ¿es anti-vegetariano? No. De hecho, en la Biblia vemos que Dios ordenó a los israelitas también presentar ofrendas de vegetales ¿entonces qué fue? La respuesta la encontramos en Hebreos 11.4:

Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, y por eso fue reconocido como un hombre justo, y Dios aceptó con agrado sus ofrendas…

Hebreos 11:4ª

En la ofrenda la actitud, o el corazón, con la que se entrega; lo es todo. Lo que agradó a Dios fue la fe de Abel, su fidelidad a Dios, la actitud de su corazón. No el tipo de ofrenda. Abel estaba pensando en Dios y en agradarle a Él cuando presentó su ofrenda. Caín tenía otra actitud, él estaba pensando en sí mismo, por eso luego se enojó mucho. A lo largo de la historia Dios pidió al pueblo israelita que presentaran sus ofrendas en el Templo. Pero con el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios, ya no se presentan más sacrificios y ofrendas en el templo. Porque Cristo es el sacrificio, el Cordero de Dios que murió por nuestros pecados.

Y aquí surge algo nuevo. El culto de adoración del nuevo pueblo de Dios consiste en entregar su cuerpo, su vida como ofrenda. No se trata de una ofrenda para relacionarse con Dios ¡Esa ofrenda ya fue entregada por Jesús! Se trata de ofrendas de gratitud y entrega en respuesta a la misericordia de Dios.

Queridos, nosotros debemos dar a Dios nuestro tiempo, nuestra energía, nuestros recursos, nuestros cuerpos, todo nuestro ser. Este debe ser nuestro acto de adoración. Pero siempre debemos analizar nuestras motivaciones para dar ¿Entregas a Dios tu tiempo como si le estuvieras haciendo un favor o porque reconoces que toda la eternidad es Suya? ¿Entregas tus ofrendas porque reconoces que de Él proviene toda tu provisión o porque quieres recibir algo a cambio? ¿Con qué actitud nos entregamos a Él? Analicemos muy bien nuestras intenciones.

Una de las historias más atrapantes del Nuevo Testamento es la del hijo que le pidió a su padre la parte de su herencia y la malgastó. Malgastó el dinero que no había ganado, aquello que había obtenido de su padre lo derrochó en mujeres y en alcohol y fiestas. Y terminó viviendo junto con los cerdos. Esta es la famosa parábola del hijo pródigo. Se llama así porque pródigo significa “despilfarrador”, alguien que malgasta sus bienes. Ese hijo despilfarró los bienes de su padre, pero lo peor no fue eso, sino que estaba malgastando su vida ¡No hay un desperdicio más grande que despilfarrar tu vida!

Todos nosotros estamos en este mundo por la voluntad de Dios, para glorificarle, conocerle y amarle. Una vida desperdiciada es una gran tragedia.

Esa fue la historia del hijo pródigo hasta que recapacitó y regresó a la casa de su padre en arrepentimiento, dispuesto a renunciar a todos sus derechos y ser tratado como un esclavo más de la casa ¡Qué hermoso cuadro de conversión! Su padre le recibió con los brazos abiertos y le dio la bienvenida con una gran celebración como su hijo amado ¡Qué hermoso cuadro de gracia!

2.3. Administrando de lo que es Suyo.

Finalmente, la Biblia tiene un concepto como el centro de la administración. En las Escrituras encontramos el diezmo la expresión más grande de una buena administración. El diezmo era la forma de expresar visiblemente, tangiblemente que todas las cosas son de Dios y nosotros solo las administramos. El Antiguo Testamento tiene este mandamiento:

»El diezmo de la tierra es del Señor, lo mismo de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles. Se trata de una ofrenda consagrada al Señor.

Levítico 27:30

La ley del diezmo fue una de las más simples y sabias leyes que Dios le entregó a Su pueblo porque era muy justa. La palabra “diezmo” significa “décimo.” El principio básico era que cada persona debía entregar una décima parte de todos sus ingresos al Señor. Esto quiere decir que cada persona daba el mismo porcentaje. No el mismo monto. Por ejemplo, si a un hombre que criaba ganado le nacían 10 becerros durante el año, él debía entregar un becerro. Si otra persona conseguía tener 100 becerros, debía dar 10. El mismo principio se aplicaba a los que cultivaban trigo. Por cada 100 kilos cosechados, el granjero debía ofrendar 10 kilos. Los más ricos regresaban más dinero, pero el mismo porcentaje se aplicaba a los más pobres. Bajo ese principio no había lugar a las injusticias ni a la corrupción. El porcentaje aseguraba que la ofrenda de cada israelita fuera justa para él y su familia.

Cuando llegamos al Nuevo Testamento vemos que las leyes y mandamientos del Antiguo tienen su cumplimiento en la vida y enseñanza del Señor Jesús. En ese sentido la ley del diezmo ya no se practica en el Nuevo Testamento de la misma manera que las leyes sobre sacrificios de animales en el templo.

Pero el principio del diezmo se mantiene.

En el libro de Los Hechos, por ejemplo, vemos que los apóstoles llamaron a todos los cristianos a ofrendar y aportar para la extensión de la predicación y el trabajo de los obreros del evangelio. Los cristianos fueron muchísimo más generosos que los antiguos israelitas ¡Muchos de ellos no daban el 10, sino el 100 por ciento!

Y no había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían terrenos o casas, los vendían, y el dinero de lo vendido lo llevabany lo ponían en manos de los apóstoles, y éste era repartido según las necesidades de cada uno.

Hechos 4:34-35

La generosidad es la respuesta del Nuevo Testamento.

3. Conclusión & Aplicación.

Queridos hermanos, este es un tema que ya hemos tocado ampliamente debido a los desafíos que enfrentamos como congregación y créanme, no fue intencional volver a tocarlo hoy. El orden de predicaciones lo programé a inicios del año luego de orar y meditar y el Señor permitió que tocáramos este tema nuevamente. Creo que Dios quiere bendecirnos con una clara comprensión de la administración. Además, este es un tema delicado en nuestro país por las cosas que han estado sucediendo en el ámbito religioso evangélico.

Me llama la atención que en un comentario sobre el tema de los diezmos y el dinero, el pastor R. C. Sproul comenta lo siguiente:

“… en los Estados Unidos hoy, los dos grupos con los salarios más bajos son los profesores y los pastores…”

Y un poco después:

“… no conozco a ningún hombre que se hizo ministro para hacerse rico…”[1]

Si uno lee las últimas noticias chilenas los últimos meses diría que en ese aspecto Chile le ganó a los Estados Unidos. Con el escándalo de los sueldos millonarios del obispo Eduardo Durán en la iglesia metodista pentecostal, uno diría que ser pastor es la profesión más rentable en Chile. La codicia es un tremendo pecado. La Biblia condena el amor al dinero y lamentablemente muchos han caído en ese pecado. Pero eso no borra el hecho de que Dios quiere que sus hijos sean buenos administradores y generosos dadores. El Señor quiere que seamos verdaderos adoradores, no hijos pródigos, no hijos que despilfarran aquello que Él nos ha regalado.

Hoy las Escrituras nos llaman a pensar y responder ¿Cuán bien o mal estás administrando aquello que Dios te ha dado?, ¿tu vida, tu tiempo, tu dinero, tu vigor, tu inteligencia, tus dones y talentos? ¡En primer lugar recuerda que no son tuyos! Todas esas cosas te fueron regaladas. Tu dinero no es tuyo, tu casa no es tuya, tus hijos no son tuyos, tu familia no es tuya, tu trabajo no es tuyo, tu tiempo no es tuyo, tus habilidades no son tuyas, tu vida no es tuya ¡No los malgastes!

Adora a Dios. Entrega tu vida a Él. Este es tu culto racional, sé planificado, sé constante, sé disciplinado. La ofrenda es solamente un aspecto de ser un buen administrador.


[1] R. C. Sproul, Five Things Every Christian Needs to Grow, Revised & Expanded (Posición en Kindle 801-807). Edición de Kindle.

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