5 Verbos: ORAR


Escucha el mensaje:


Lee el texto bíblico del mensaje:

Lucas 11:1-4

1 En cierta ocasión, Jesús estaba orando en un lugar y, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos.» 2 Jesús les dijo: «Cuando ustedes oren, digan: “Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. 3 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 4 Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación.”»


Lee el sermón:

Qué maravilloso es cuando alguien a quien amas o admiras te responde cuando le hablas.

La comunicación es esencial para la vida del ser humano. Las malas comunicaciones pueden destruir relaciones, hogares, asociaciones, empresas, incluso matrimonios.

Por el contrario, una buena comunicación enriquece toda relación. La semana pasada meditamos sobre el Estudio de la Palabra. Dios ha hablado. Su Palabra es la Palabra revelada de las Escrituras. Todo lo que necesitamos conocer de Él está en ellas. Por lo tanto, si queremos escuchar a Dios, si queremos saber qué tiene Él para decirnos ¡Debemos leer y estudiar Su Palabra! Pero como decíamos al comienzo, toda buena comunicación incluye una respuesta, una interacción, una comunicación. Y, en Su gran amor, Dios nos entregó una manera para que nosotros podamos comunicarnos con Él. Esto es la oración. La oración es comunicación personal con Dios. La oración es también comunicación corporativa con Dios. Podemos hablarle de manera personal e íntima y también podemos hablarle como iglesia, como cuerpo, como un pueblo.

Hoy vamos a meditar en este maravilloso medio por el cual Dios derrama gracia y crecimiento para Su Iglesia. La oración.

Puntos de Enseñanza.

Vamos a ver varios versos de las Escrituras para este tema que es muy amplio. Creo que el punto de partida debe ser la oración que el mismo Señor enseñó a sus discípulos, el “Padre nuestro.” Lucas dice:

En cierta ocasión, Jesús estaba orando en un lugar y, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos.»

Lucas 11:1

El Señor Jesús estaba orando. Esto es notable, Él tenía esta costumbre, era un hábito muy fuerte en Su vida. Y al verlo orar uno de sus discípulos se dio cuenta que algo era diferente en la oración de Jesús. Lucas no dice qué fue lo que vio exactamente el discípulo, pero sí nos dice que despertó su interés. De alguna manera el discípulo notó que la oración de Jesús era digna de ser imitada, de ser aprendida ¡Y Jesús no se negó a enseñarle!

Queridos, Dios quiere que oremos, el Señor Jesús oró como un ejemplo, un modelo para nosotros. Y Él enseñó esta oración. El primer punto que debemos aprender es que Dios quiere que oremos.

¿Por qué Dios quiere que oremos?

No oramos para que Dios pueda enterarse de lo que necesitamos. Jesús nos dice:

…su Padre ya sabe de lo que ustedes tienen necesidad, antes de que ustedes le pidan.

Mateo 6:8b

Oramos porque la oración nos lleva a expresar nuestra confianza en Dios. Dios no necesita nuestras oraciones ¡Nosotros necesitamos orar! Porque al orar expreso mi fe en el Padre. Las primeras palabras del Padre Nuestro nos llevan a reconocer nuestra dependencia en Dios como Padre amante y sabio.

Cuando decimos “Padre nuestro” estamos reconociendo que Él sabe mejor que nosotros qué es lo que nos conviene. Él es el Padre que nos cuida y nos protege ¡Aunque las circunstancias fueran difíciles! Jesús comparó nuestra oración con un hijo que le pide a su papá un pescado o un huevo en el mismo capítulo, en los versos 9 al 12, y finalmente dijo:

Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!» Lucas 11:13

¡Dios es un buen Padre! El mejor padre. A diferencia de nuestros padres humanos, Él no tiene límites en su sabiduría, ni en sus recursos, fuerza, inteligencia, poder ni capacidad. ¡Podemos confiar en Él! Así como los hijos esperan que nosotros proveamos para ellos, Dios espera que nosotros esperemos en Él mediante la oración. Si tu confianza está puesta en Cristo como Señor y Salvador, entonces Su Padre es tu Padre y puedes pedirle con fe.

El Padre Nuestro nos enseña que dios quiere que le conozcamos. Quiere que amemos su nombre que es Santo. Por eso dice “santificado sea tu nombre.” Esto quiere decir “que tu nombre santo sea siempre santo para mí”, la oración nos lleva a reconocer la santidad de Dios. Él no es un “amigo celestial” o un “genio de la lámpara cósmico”. Jesús no es “un revolucionario” o un “hippie simpático” ¡El es el Santísimo Hijo de Dios!

La oración nos lleva a reconocer su grandeza y santidad.

Oramos con fe, oramos con conocimiento, oramos con respeto. Necesitamos orar para crecer en estas áreas.

Oramos para que haya un cambio y dios actúe.

Después de reconocer quién es Dios, el Padre Nuestro nos conduce a elevar nuestras peticiones a Dios. Dios quiere que le elevemos nuestras peticiones. Nuevamente, el propósito primordial es que nosotros confiemos en Él, pero también es que Él quiere actuar en nuestras vidas y peticiones. Y la oración es el instrumento de este actuar. Santiago dice:

…no tienen, porque no piden;

Santiago 4:2b

Y Jesús dice:

Así que pidan, y se les dará. Busquen, y encontrarán. Llamen, y se les abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.

Lucas 11:9-10

Cuando oramos, Dios responde. Él siempre responde nuestras oraciones ¡No lo olvides! Sin embargo, hay un detalle importante. Su respuesta no siempre es “Sí” a todo lo que le pedimos. A veces es “espera” y muchas veces, su respuesta es “No.”

El apóstol Pablo, el gran apóstol evangelista, el teólogo y el gran hombre de fe, el gran modelo de lo que es un cristiano verdadero tuvo un dolor físico tremendo. Una aflicción que pudo ser una enfermedad o una dolencia producto de sus muchos padecimientos. Pero era sin lugar a duda un gran dolor físico porque Pablo lo llamó “un aguijón en el cuerpo.”

…se me clavó un aguijón en el cuerpo, un mensajero de Satanás, para que me abofetee…

2 Corintios 12:7b

Este dolor le tenía muy afligido y Pablo le pidió al Señor que se lo quitara:

Tres veces le he rogado al Señor que me lo quite,

2 Corintios 12:8

Y la respuesta de Dios no se demoró, sólo que no fue lo que Pablo esperaba, el Señor le dijo:

…«Con mi gracia tienes más que suficiente, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.»…

2 Corintios 12:9a

Esto nos enseña algo muy potente queridos hermanos. Algo que no debemos olvidar. Porque muchas veces he escuchado a cristianos con mucho dolor en sus corazones. Cristianos que están comenzando a albergar duda. Porque dicen: “tanto tiempo le vengo pidiendo al Señor que me solucione este problema, y hasta ahora nada ha cambiado, el Señor no me ha respondido, Dios no escucha mis oraciones ¿será que no me ama? ¿o será que no estoy orando con fe?”

¡No se trata de la cantidad de tu fe! Si crees en Jesús, aunque sea una fe imperfecta ¡Está en el lugar correcto! Eso es lo importante. Y no es que Dios no te ha respondido, no es que Él no te escuchó o no le interesa responderte. Recuerda: siempre cambia algo cuando oras, siempre hay un efecto. A veces cambia la circunstancia o la situación. Le pides a Dios por una necesidad y Él te concede y te provee para esa necesidad.

A veces lo que tiene que cambiar es tu corazón. Le pides a Dios por una necesidad y lo Él no la cambia, pero te da la fuerza para enfrentar esa necesidad. A veces el Señor te dirá como a Pablo: “con mi gracia tienes más que suficiente, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad.” ¡Por eso el modelo del Padre Nuestro comienza las peticiones diciendo “santificado sea tu nombre” y “venga tu reino”! Porque es mucho más importante que nosotros conozcamos a la santidad de Dios y que veamos Su reino, que nuestros problemas terrenales sean solucionados.

El cristiano no debería sorprenderse de que los problemas toquen a su puerta ¡Tampoco debería tratar de escapar de ellos! Hace ya unos años atrás me diagnosticaron con depresión. En ese momento yo no lo quería creer. Muchos pensamientos venían a mi mente: “¿Cómo un pastor podría tener depresión?, ¿acaso no estaba mi confianza en Jesús?” Mi instinto natural fue tratar de negarlo, de resistirlo. Mi orgullo lo rechazaba fuertemente. Así que oré. Le pedí al Señor un milagro, le pedí que me sanara inmediatamente, para no tener que enfrentar el diagnóstico ni el tratamiento. En el fondo no quería enfrentar la vergüenza de que mi familia y los hermanos de la iglesia supieran que estaba enfermo con esa enfermedad (de todas las que me podían tocar). Oré. Y el Señor respondió. No me sanó, sino que me dio arrepentimiento y la humildad suficiente para enfrentar la verdad y buscar ayuda. El Señor quiere ayudarnos, Él quiere sanarnos, quiere bendecirnos. Pero, por sobre todas las cosas, Él quiere santificarnos.

Así que muchas veces Él permitirá que aguijones dolorosos vengan a nuestras vidas. En esos momentos nuestra confianza debe levantarse con mayor fuerza en aquel que sufrió el más grande dolor. Aguijones más grandes fueron clavados en sus manos y en sus pies. Un sufrimiento infinitamente mucho más doloroso recorrió todo su ser. Entonces nosotros podemos tomar nuestras cruces y seguirlo. Y la oración es la que nos fortalece para seguir. La oración es el medio por el cual podemos depositar todas nuestras cargas en Él y confiar.

Pide según las prioridades del Reino de Dios.

“Venga tu reino” nos habla de esta prioridad. Pide por la extensión del evangelio, por la iglesia, sus líderes, por los que no confían en Cristo, pide por los cristianos en todo el mundo. Pide que sea una prioridad en tu vida anunciar el reino de Dios a todos. Clama con sinceridad que venga el reino de Dios a la vida de muchos. Luego pide por tus necesidades. “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” nos enseña a encomendar nuestras necesidades a Dios. Pide por Su perdón. “Perdona nuestros pecados” nos enseña este aspecto tan importante de la oración.

Cristo ha muerto por nuestros pecados. Él intercede por nosotros.

Jesús es el sumo sacerdote que necesitábamos tener: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y exaltado por encima de los cielos.

Hebreos 7:26

Aunque hayamos pecado, eso no estorba nuestras oraciones. Podemos confesar nuestra maldad con arrepentimiento ¡Podemos acceder a la misma presencia de Dios!

Hermanos, puesto que con toda libertad podemos entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,

Hebreos 10:19

Algo tremendamente poderoso sucede en el ámbito espiritual invisible. Cuando oramos con Cristo como nuestro mediador, entramos no a un templo terrenal, sino al “cielo mismo”, a la presencia de Dios. Podemos pedir perdón y también podemos perdonar a los que pecaron contra nosotros.

En la oración debemos perdonar.

“Porque también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden” nos recuerda esta verdad. Al perdonar encontramos liberación y también demostramos que estamos confiando en Dios y en Su justicia y misericordia.

Finalmente, la oración del Padre Nuestro termina volviéndonos nuevamente a confiar en Dios, en Su protección espiritual. “No nos metas en tentación” quiere decir “no permitas que cedamos ante la tentación.” Significa que le pedimos a Dios que nos enseñe y nos empodere para resistir las tentaciones y buscar una vida santa.

Es maravilloso que esta sea la última petición en la oración. Al decir esto reconocemos que somos débiles, reconocemos que todavía hay pecado en nosotros y que seremos tentados. Recuerda, la tentación no es algo que viene de afuera. No se trata de un demonio con un gran tridente y larga cola que viene a mostrarte la billetera del vecino para que la tomes. Santiago dice:

…cada uno es tentado cuando se deja llevar y seducir por sus propios malos deseos.

Santiago 1:14

La tentación viene de nuestro interior, nace en nuestros corazones porque el mal está en nuestros cuerpos, en nuestra naturaleza humana.

El fruto de estos malos deseos, una vez concebidos, es el pecado; y el fruto del pecado, una vez cometido, es la muerte.

Santiago 1:15

Al decir “no nos dejes caer en tentación” estamos pidiendo santidad y fuerza de voluntad interior para no dejarnos llevar por nuestros propios malos deseos. También le pedimos la humildad de arrepentirnos por ese pecado latente que aún permanece en nosotros y que nos tienta. Quizá no hay un diablo mostrándome la billetera de mi vecino, pero el deseo de ganar dinero fácil está en mi corazón. Y aunque al final venza con la ayuda de Dios la tentación de quedarme con el dinero, debo arrepentirme de mi codicia y confesarla a Dios. Todo esto está encerrado en la oración “no nos dejes caer en tentación.”

Conclusión.

Queridos, oremos.

Esa es la conclusión del sermón. Eso es lo que Dios quiere.

¿No tienes idea de cómo hacerlo? No te preocupes. Recuerda: orar es hablar con Dios por los méritos de Cristo. Así que, si tus palabras son torpes o si no sabes expresarte, no significa que el Señor va a menospreciar tu oración. Habla con Él, sigue el modelo del Padre Nuestro. Habla con Él como hablarías con tu padre quien te ama. Y si no tuviste un padre amoroso, entonces con mayor razón acércate a tu verdadero Padre quien sí es amoroso.

Ora al Padre, ora con fe. Confiando.

No confíes en ti mismo, confía en Jesús. Por eso oramos en el nombre de Jesús. Es Jesús quien hace que nuestras oraciones sean escuchadas. Es su Santo Espíritu quien eleva nuestras oraciones en el precioso nombre del Hijo.

Sé perseverante. No dejes de orar. Si no tienes la certeza de que Dios ha dado una respuesta definitiva, mi consejo es que perseveres en oración confiando que Dios te fortalece mientras.

Porque hay peticiones a las que no debemos renunciar.

Sobre todo, aquellas oraciones que piden de acuerdo con “venga tu reino y hágase tu voluntad.” Si tu pedido tiene que ver con la salvación de alguien, con la bendición de un creyente, con la madurez y el crecimiento cristiano, con la justicia y la verdad, con la bendición de Dios ¡Persevera orando!

Oren sin cesar.Den gracias a Dios en todo, porque ésta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús.

1 Tesalonicenses 5:17-18

Y también:

Dedíquense a la oración, y sean constantes en sus acciones de gracias.

Colosenses 4:2

Procura que tus oraciones no sean solamente “pliegos petitorios” sino dedícale buen tiempo a la alabanza, la gratitud. Lee los salmos y ora de acuerdo con ellos ¡Son un maravilloso ejemplo de cómo los creyentes deben orar a Dios! Oremos sin desmayar.


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