Salmo 84

Salmo 84

¡Cuán hermosas son tus moradas,
    Señor Todopoderoso!
Anhelo con el alma los atrios del Señor;
    casi agonizo por estar en ellos.
Con el corazón, con todo el cuerpo,
    canto alegre al Dios de la vida.

 

Señor Todopoderoso, rey mío y Dios mío,
    aun el gorrión halla casa cerca de tus altares;
también la golondrina hace allí su nido,
    para poner sus polluelos.

Dichoso el que habita en tu templo,
    pues siempre te está alabando. Selah
Dichoso el que tiene en ti su fortaleza,
    que solo piensa en recorrer tus sendas.
Cuando pasa por el valle de las Lágrimas
    lo convierte en región de manantiales;
también las lluvias tempranas
    cubren de bendiciones el valle.
Según avanzan los peregrinos, cobran más fuerzas,
    y en Sión se presentan ante el Dios de dioses.

Oye mi oración, Señor, Dios Todopoderoso;
    escúchame, Dios de Jacob. Selah
Oh Dios, escudo nuestro,
    pon sobre tu ungido tus ojos bondadosos.

10 Vale más pasar un día en tus atrios
    que mil fuera de ellos;
prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios
    que habitar entre los impíos.

11 El Señor es sol y escudo;
    Dios nos concede honor y gloria.
El Señor brinda generosamente su bondad
    a los que se conducen sin tacha.

12 Señor Todopoderoso,
    ¡dichosos los que en ti confían!

¿Alguna vez te has sentido enamorado? Más allá de que te hayas mantenido así, en la experiencia humana, es algo natural que cuando eso sucede haya una sensación de entusiasmo y anhelo por querer estar en y disfrutar de la compañía de la persona amas. Esa es la impresión al leer este salmo.

Fue escrito por “los hijos de Core” o sus descendientes; los encargados del conjunto musical. Naturalmente se esperaba que ellos tuvieran este entusiasmo por el objeto de su adoración, más aun pensando que ese objeto-Persona era Dios mismo.Este, es un muy probablemente, uno de los canticos que usaban para motivar a la congregación y/o pueblo para que se les unieran en tal propósito.

La bella morada (v1), los atrios (v2 y v10), el altar (v3), la casa (v4 y v10), la ciudad de Jerusalén (o Sión del v5 y v7), son todas alusiones al lugar donde Dios había decidido simbólicamente habitar en medio de la humanidad. Quizá alguna localidad pueda no ser atractiva, pero si es Dios quien “está allí”, entonces si es el más precioso lugar.Por tal motivo y poéticamente se anima a sus “visitantes” con gozosas exclamaciones y variados elogios a proseguir su camino en esa dirección. Ya que, en comparación, junto con hacerse más fuertes en el recorrido (v7) y aun tras experimentar pasajero sufrimiento en la peregrinación (v6) o los efímeros placeres en estadías con los perversos (v10); la alegría prometida de quienes logren llegar a destino serían mucho mayores. No es de extrañar entonces tal ansiedad en las expresiones del cantico (v2 y v4).  No obstante este es un salmo honesto, sabe que ante las dificultades y tentaciones, ninguno del pueblo, ni siquiera el dirigente, el rey de ese entonces, puede salir victorioso o contento sin la intervención y protección decisiva de Dios  y por lo tanto clama por ello (v8 y v9).Y he aquí la razón de porque puede estar contento aun en medio de su difícil progreso a la santa ciudad; Su alegría reside en su confianza en y su relación, ya establecida, con Dios.Fue Dios quien decidió tanto habitar en medio de (2 Crónicas 6:6), así como también relacionarse con su pueblo (Isaías 41:9-10) por medio de su pacto con él.Es esa relación y confianza dichosa la que puede tener el creyente de todo lugar y época, pues Dios sigue siendo el mismo y extendiendo el alcance visible de su pacto (Jeremia32:40).

Revelándose a sí mismo en Jesús como el Dios Rey encarnado habito ENTRE nosotros (Juan1:14), por medio de Su Espíritu habita EN nosotros (1 Corintios 3:16) y por su poder habitaremos “con”  él (Apocalipsis 21:3) y por tanto a partir de este punto y por medio de su sacrificio reconciliatorio (Colosenses 1:20) podemos adorarle indistintamente de donde sea en espíritu y en verdad tal como él lo prometió (Juan 4:23-24) junto con los que se rigen por esa fe (v11) recibiendo el bien que Él desea producir de la manera que escoja en su sabia e inescrutable voluntad (Romanos 8:28).

Reflexión realizada por Michael Araneda Martinez.

Edición: Camila Farías Venegas

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