1 Samuel 12 “El rey otorgado”

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1 Samuel 12 (Nueva Versión Internacional (NVI))

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El rey otorgado (Recuerden al Señor su Dios)

Desde que era pequeño siempre me resultó muy difícil memorizar.

Así que se pueden imaginar que algunas materias me costaron mucho más que otras. Especialmente: Historia.

Todos esos nombres, fechas, lugares y datos que había que saber de memoria simplemente me resultaba una tortura. Por lo tanto, en el colegio no me gustaba esa materia.

Hasta que crecí y aprendí el valor de estudiar la historia y aprendí su gran importancia. Porque la historia no es solamente la recolección de datos, fechas, nombres, personajes y eventos.

La historia es, sobre todo, puntos de vista, opiniones y juicios de valor que la simple recolección de datos.

Cuando creces te das cuenta que hay diferentes puntos de vista acerca de los personajes y los eventos de los países. Los “malos” son “buenos” dependiendo del punto de vista y las ideas que representan. Por ejemplo: la guerra entre Argentina contra Inglaterra ¿fue la guerra de Las Malvinas o la guerra de las Falkland Islands? ¡Va a depender de si eres argentino o simpatizante de la causa argentina o si eres inglés o simpatizante de su causa.

Este tipo de visiones distintas de la historia han enemistado países a lo largo de todo el mundo. Mientras que para unos los personajes de la historia son héroes; para otros son villanos.

También aprendí que la historia representa la cultura y la identidad de un pueblo, formamos nuestras opiniones y quienes somos de acuerdo a nuestra historia y lo que nos enseñaron desde nuestra infancia.

Y cuando crecemos nos damos cuenta que hay diferentes puntos de vista, pero todos son formados por la historia y cómo la interpretamos.

En conclusión: la historia merece ser estudiada, es importante estudiarla.

No solamente para recolectar datos, nombres, fechas y lugares; sino por las lecciones que aprendemos y el entendimiento que la historia nos da.

El problema es que rara vez hacemos esto. Fallamos en aprender de la historia.

Aldous Huxley, escritor y filósofo británico dijo: “Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia.” lo que quiso decir es que seguimos fallando, como humanidad, en aprender de nuestros errores y de nuestra historia.

Y ese es el tema central de hoy y la lección del pasaje de hoy. Es una lección de historia. 1 Samuel 12 nos está llamando a conocer nuestra historia y a aprender de nuestra historia.

Oremos.

El contexto de 1 Samuel 12.

Israel está celebrando, están festejando la victoria contra el rey Najás, el amonita. En el capítulo 11 el libro nos relata la historia de la primera victoria de Saúl como rey. Los amonitas se habían levantado contra los hombres de Jabes de Galaad. Jabes era una ciudad israelita pequeña y débil. El rey Najás seguramente la vio como un blanco fácil, así que él se les ofreció la posibilidad de rendirse “pacíficamente”, solamente debía extirparles el ojo derecho a todos los hombres (11:2).

Escuchar de este insulto encendió la ira en Saúl quien, inspirado por el Espíritu de Dios, logró reunir un ejéricto y derrotar a los amonitas librando a los hombres de Jabes.

Entonces cuando llegamos al capítulo 12, encontramos al pueblo celebrando esta gran victoria y celebrando que su rey les ha guiado en su primera batalla y han vencido ¡Qué buen inicio de su gobierno! Su primer acto como rey fue esta gran victoria.

Pero Samuel les ofrece un comentario más sobrio acerca de los eventos que llevaron al pueblo a esta victoria:

La historia

El capítulo comienza con Samuel reflexionando. Él es viejo ya, tiene el pelo blanco (No estoy haciendo referencia a ningún hermano presente en este salón). Y él les dice:

“¡Presten atención! Yo les he hecho caso en todo lo que me han pedido, y les he dado un rey que los gobierne. Ya tienen al rey que va a dirigirlos. En cuanto a mí, ya estoy viejo y lleno de canas, y mis hijos son parte del pueblo. Yo los he guiado a ustedes desde mi juventud hasta la fecha.

Es una transición, Samuel había “guiado” al pueblo, literalmente él dice: “yo he andado al frente de ustedes…”. Ahora él se va a apartar a un lado, sus hijos ya son parte del pueblo, ya no son jueces. Y Samuel continúa:

Aquí me tienen. Pueden acusarme en la presencia del SEÑOR y de su ungido (literalmente: Mesías., es decir el rey Saúl) ¿A quién le he robado un buey o un asno? ¿A quién he defraudado? ¿A quién he oprimido? ¿Por quién me he dejado sobornar? Acúsenme, y pagaré lo que corresponda.

Samuel está declarando su inocencia, él ha actuado justamente y sabiamente como juez. Él está haciendo esto como parte del rito de transición al nuevo liderazgo, una forma de decir: “entrego el mando y la oficina en buen estado”. Pero Samuel les recuerda de su integridad, su inocencia y rectitud como líder como un claro contraste a advertencia que él mismo les había hecho antes sobre cómo sería el rey que ellos tanto habían querido tener.

En el capítulo 8, la advertencia fue que el rey habría de tomar de ellos. “Tomará sus hijos, tomará sus hijas, tomará sus tierras y cultivos, tomará sus animales, tomará sus diezmos…”.

Pero también es un contraste entre la integridad de Samuel y la conducta de Israel. Él fue un líder correcto y justo, así que ellos tienen que reconocerlo:

No nos has defraudado… tampoco nos has oprimido ni le has robado nada a nadie.

La integridad de Samuel está fuera de discusión, no se le puede culpar ni acusar de nada.

Muchas veces se ha dicho que la historia se repite, que es una especie de círculo, o que la historia tiene un patrón cíclico donde las mismas cosas vuelven a repetirse vez tras vez. Pero la Biblia tiene otro punto de vista al respecto: la Biblia nos enseña que la historia se dirige a un destino claro y concreto, que hay un propósito y un destino para todos nosotros.

Es cierto que dentro de este gran cuadro se repiten muchas cosas y errores de la historia se vuelven a cometer. Pero no porque la historia misma va en círculos y en ciclos eternos de repeticiones, sino porque la gente no aprende de las lecciones. Eso lo vemos también en la Biblia y en la historia de Israel y en este capítulo que estamos contamplando esta mañana.

Y el ciclo que más se repite en la historia bíblica, y este capítulo lo demuestra, es un ciclo en tres fases:

  1. Crisis
  2. Clamor
  3. Rescate

Una crisis se desarrolla, el pueblo de Israel clama a Dios y Él les rescata. Esto es lo que Samuel va a recordarles y enseñarnos, es la lección de historia que Samuel nos da hoy. Pero no como una secuencia de eventos, fechas y datos; sino para emostrar que Israel no ha apendido de la historia como debería.

El primer ciclo.

Retomemos desde el versículo 8. Samuel dice:

8 »Después de que Jacob entró en Egipto, sus descendientes clamaron al SEÑOR (Toda esta historia ha sido escrita en el libro del Éxodo).

La crisis es que los egipcios oprimieron al pueblo de Israel, inmediatamente Samuel resume que el pueblo clamó al Señor y el rescate viene resumido al final del versículo cuando dice:

Entonces el SEÑOR envió a Moisés y a Aarón para sacarlos de Egipto y establecerlos en este lugar.

En este versículo Samuel a resumido una gran porción de las Escrituras y muchos años de la historia de Israel. Además nos ha mostrado el patrón: crisis, clamor y rescate.

Estas cosas son también el patrón de todo el libro llamado “Jueces”, que es históricamente el libro que precede a Samuel.

Samuel resume el libro de Jueces en los versículos 9 al 11:

9 Pero como se olvidaron de su SEÑOR y Dios, él los entregó al poder de Sísara, comandante del ejército de Jazor, (Jueces 4 y 5) y al poder de los filisteos y del rey de Moab, y ellos les hicieron la guerra (aquí está resumiendo todo el periódo de luchas y los diferentes reinos y enemigos que se levantaron contra los israelitas). 10 Por eso ustedes clamaron al SEÑOR:”Hemos pecado al abandonar al SEÑOR y adorar a los ídolos de Baal y a las imágenes de Astarté. Pero ahora, si nos libras del poder de nuestros enemigos, sólo a ti te serviremos.” 11 (Aquí viene el rescate) Entonces el SEÑOR envió a Yerubaal (Que es otro nombre de Gedeón), Barac, Jefté y Samuel, y los libró a ustedes del poder de los enemigos que los rodeaban, para que vivieran seguros.

Asi que vemos nuevamente la historia que se repite nuevamente: crisis, clamor y rescate. En Éxodo y en varios momentos en el libro de Jueces.

Pero la lección clave y más importante aquí es acerca de quién recata, quien es el que salva. Y si has estado prestando atención a los anteriores sermones ya sabes la respuesta ¡es Dios quien salva y rescata! Fue el Señor quien envió a Moisés y Aarón (v.8), fue el Señor quien envió a Yerubaal y a los diferentes jueces (v.11).

Dios les había salvado a través de agentes humanos, pero es Él quien libera, es Él quien rescata y levanta a estos salvadores.

Y ahora volviendo a Samuel, nos damos cuenta que el pueblo había recientemente enfrentado una nueva crisis. Y esto les demuestra Samuel recordándoles que recién se había levantado Najás, el rey de los amonitas:

12 »No obstante, cuando ustedes vieron que Najás, rey de los amonitas, los amenazaba, me dijeron:”¡No! ¡Queremos que nos gobierne un rey!” Y esto, a pesar de que el SEÑOR su Dios es el rey de ustedes.

Samuel les está diciendo “aquí está el rey que han pedido, aquel por quien han rechazado el gobierno de Dios, ahora él y todos ustedes escuchen su historia y aorendan…”. La crisis vino por medio de Najás amonita, demoliendo y destruyendo las ciudades circundantes al Jordán. ¡Una nueva crisis se había levantado! pero ¿habían ellos aprendido de su historia?

Si Israel hubiera aprendido de las lecciones de su historia ¿Qué es lo que ellos debían haber hecho?

¡Dos cosas! De la lección de su propia historia ellos podrían haber hecho dos cosas:

Primero: ellos podrían haber clamado al Señor.

Eso es lo que Israel hizo en Éxodo 2 y Dios les envió a Moisés y Aarón. Eso es lo que hicieron cada vez que fueron oprimidos en tiempos pasados y el Señor les había enviado jueces y libertadores. Asi que lo primero que ellos debían hacer si hubieran aprendido la lección de su historia era clamar a Dios.

Segundo: Confesar su pecado.

Lo segundo que ellos debían hacer está escrito en el versículo 10: cuando los israelitas clamaron al Señor, ellos confesaron su pecado con sinceridad, no ocultaron su culpa.

Pero ¿que hizo Israel cuando vino la crisis de Najás amonita? No vemos ninguna referencia de reconocer pecado alguno. No hay un clamor a Dios por rescate y liberación.

¡En lugar de clamar y confesar, ellos exigieron a Dios que les de un rey!

¿Ven cómo ellos no aprendieron de la historia?

Ellos no vieron ni reconocieron quién es el que liberta, que Dios es su rey, demandaron un rey como las naciones. Fracasaron en buscar la liberación de Dios, fracasaron en reconocer su necesidad y su pecado. En lugar de eso ellos exigieron una solución humana, un rey como las naciones.

Al final Israel había fallado en aprender la lección de la historia. Y por si acaso la gente quiera alegar: “no fue nuestra culpa Samuel, fue tu culpa, tú no nos lideraste bien…”. En caso que algo así lleguen a pensar, el profeta les recuerda su integridad e inocencia como líder de Israel, él es ireprochable, nadie puede concluír que fue su culpa; sino que es la culpa del pueblo por no haber aprendido su lección de su propia historia.

¡No cometamos el mismo error que Israel!

Alguien dijo luego del terremoto del 2010: “Cuánto no daríamos por un sistema de advertencia contra las catástrofes que sea seguro y confiable”.

Queridos, la Biblia es como un sistema súper seguro y confiable de advertencia contra la catástrofe, para advertirnos y enseñarnos cómo responder cuando la crisis llega.

Ahora, nuestras crisis quizá no sean tener a los amonitas a la puerta de nuestros hogares quieriendo arrancar nuestros ojos derechos; pero la crisis viene a todos nosotros en diferentes formas: fracaso en el trabajo, reprobar los exámenes, enfermedades, pérdidas, peleas en la casa, matrimonios con problemas, hijos rebeldes, malos padres, problemas financieros y económicos ¡Hay crisis en cada hogar chileno! ¿Cómo respondemos a estas crísis?

¿Te has dado cuenta que comunmente tendemos a vernos siempre como víctimas? ¡Igual que los israelitas! Se veían como víctimas de los amonitas, por lo tanto buscaron, exigieron, demandaron sus derechos y protección ¡como un cliente insatisfecho demanda por un producto! Lo primero que debemos preguntarnos cuando llegan las crisis es ¿de qué manera mi corazón y mis pensamientos reflejan el pecado que hay en mí?, ¿tengo la mentalidad de consumidor que exige sus derechos ante Dios?

Porque hemos visto que aún cuando hay enemigos externos que amenazan al pueblo de Dios, el mayor problema es siempre interno y está en ellos mismos y tiene que ver con sus actitudes y pensamientos. El verdadero problema, el verdadero enemigo se llama “pecado”.

Muchas de nuestras crisis ni siquiera involucran “enemigos malvados” pero la Biblia establece un patrón que nos enseña a reaccionar frente a todo tipo de crisis.

La Biblia quiere que acudamos a Dios, el rescatador, en lugar de caer en desesperación queja, amargura y desesperanza. Y quiere que hagamos eso también en arrepentimiento y con la seguridad de que tenemos un Dios que perdona y es capaz de salvarnos.

Samuel continúa con la lección de historia en los versículos 14 y 15:

14 Si ustedes y el rey que los gobierne temen al SEÑOR su Dios, y le sirven y le obedecen, acatando sus mandatos y manteniéndose fieles a él, ¡magnífico! 15 En cambio, si lo desobedecen y no acatan sus mandatos, él descargará su mano sobre ustedes como la descargó contra sus antepasados.

Samuel sigue con su lección de historia. Él ha resumido prácticamete la ley de Dios. Sus palabras y el lenguaje que ocupa son las mismas de Deuteronomio 28. Y la lección es: si obedecen a Dios, entonces serán bendecidos, pero si no le obedecen; entonces no serán bendecidos. En un sentido Samuel ha resumido el pacto de Dios en el Antiguo Testamento.

Duteronomio había dicho que el pecado de Israel tendría consecuencias incluso sobre la tierra prometida, Dios podía despojarles esa tierra y entregársela de vuelta a sus enemigos.

Pero ellos no habían aprendido esta lección tampoco.

Samuel les está recordando su historia para que ellos aprendan la lección. ¡Corrigan sus vidas!, ¡arrepiéntanse! Les dice.

Ahora, cuando Samuel les habla estas palabras están a mediados de mayo o junio.

¿Mayo o junio? Me dirás… ¿Cómo puedes saber que fue por esos meses?

En el versículo 17 Samuel les hace notar que es el tiempo de la cosecha. El tiempo de la cosecha es por mayo y junio en Israel y en estos meses no llueve. Mayo y junio son los meses más secos del año, casi siempre es seco.

En el mismo versículo Samuel les dice:

…voy a invocar al SEÑOR, y él enviará truenos y lluvia… ¿En mayo o junio Samuel?, ¿cuando no llueve y no se ven nubes en el cielo Samuel? …así se darán cuenta de la gran maldad que han cometido ante el SEÑOR al pedir un rey. 18 Samuel invocó al SEÑOR, y ese mismo día el SEÑOR mandó truenos y lluvia. Todo el pueblo sintió un gran temor ante el SEÑOR y ante Samuel.

¿Es una coincidencia?, ¿acaso Samuel tenía un celular con conexión a internet que le mostraba la predicción meteorológica y probabilidades de lluvia para ese día?

No, eso no es lo que está pasando. Cuando Dios quiere llamar la atención al hecho de que Él es Dios, a menudo Él lo anuncia antes de demostrarlo con un evento de manera tal que no nos quede ninguna duda. ¿A qué conclusión podrían llegar los israelitas para explicar esa tormenta repentina?, ¿fue una coincidencia?, ¿se juntaron varias condiciones atmosféricas que detonaron en esa lluvia atípica justo en ese preciso instante?, ¿Samuel tenía una máquina para hacer lluvias o un aspersor de agua de proporciones astronómicas?

¡No! La única respuesta posible es que fue obra de Dios, no hay duda: ¡esta lluvia es de la mano de Dios! ¿cuál fue su propósito? ¡Que Israel tema al Señor!, que ellos le tomen seriamente, que entiendan que Dios es Dios, que su Palabra no es vacía o sus promesas son vanas. Si Dios dice algo, entonces Él mantiene su palabra, la cumple.

Lo que Samuel está haciendo nuevamente a través de esta demostración del poder de Dios, es enseñarles las lecciones de la historia donde la Palabra de Dios es tan clara: sigan a Dios, no a sus ídolos, sírvanle sólo a Él, cuando se desarrolle una crisis, entonces examínense ustedes mismos para ver si hay pecado en ustedes y confiésenlo a Dios pues Él es fiel y justo para perdonarles sus pecados y limpiarles de maldad ¡Esto es lo que les está enseñando Samuel a través de recordarles su historia y demostrar el poder de Dios! Es una lección de historia para enseñarles el temor de Dios.

En lugar de confar en reyes humanos, confien en Dios todopoderoso.

Pero esta no es la última palabra en esta lección.

Vemos que semejante advertencia no conduce al pueblo a la desesperación de un corazón arrepentido. El versículo 19:

19 y le dijeron a Samuel: – Ora al SEÑOR tu Dios por nosotros, tus siervos, para que no nos quite la vida. A todos nuestros pecados hemos añadido la maldad de pedirle un rey.

Noten el distanciamiento en estas palabras: “… al Señor tu Dios…”, no “el Señor nuestro Dios…”.

Aquí vemos un reconocimiento de culpa y muy probablemente mucho miedo en ellos por lo que acababan de presenciar. Pero un arrepentimiento verdadero debe conducir a un cambio de actitud. Un reconocimiento de culpa debe llevar a la obediencia.

Eso les recuerda Samuel:

20- No teman- replicó Samuel-. Aunque ustedes han cometido una gran maldad, no se aparten del SEÑOR; más bien, sírvanle de todo corazón. 21 No se alejen de él por seguir a ídolos inútiles, que no los pueden ayudar ni rescatar, pues no sirven para nada.

¿Por qué les dice esto Samuel?, ¿Por qué Dios les va a dar otra oportunidad?

22 Por amor a su gran nombre, el SEÑOR no rechazará a su pueblo; de hecho él se ha dignado hacerlos a ustedes su propio pueblo.

Dios va a ser misericordioso con Israel, no porque se lo merecen, no porque son tiernos o adorables, no porque Dios encuentre algo digno de ser amado en Israel, no porque han dicho las palabras que Samuel quería escuchar. Sino que Dios va a ser misericordioso con Israel por amor a su propio nombre (v.22).

¡La reputación de Dios está en juego en su pueblo! Y si Dios castiga a su pueblo destruyéndolo y borrándolos del mapa por su infidelidad como lo tienen merecido, entonces su nombre sería objeto de burla en el mundo.

Esta motivación para refrenar la ira de Dios y su justo castigo por nuestros pecados se encuentra en muchos lugares de las Escrituras.

Dios actúa por causa de su santo nombre. Esta es la forma en que oró Moisés pidiendo misericordia a Dios despueés de que el pueblo idolatrara a un becerro de oro que ellos mismos habían construido (Deuteronomio 9 y Éxodo 22 y 23), vemos esto nuevamente en Ezequiel 36 que habla del retorno de su pueblo del Exilio. Y en muchos otros pasajes.

Dios muestra misericordia porque quiere que su nombre sea reverenciado por todo el mundo.

Queridos, hay una razón por la que Dios se mantiene fiel a su iglesia hoy. ¡No porque lo merezcamos o seamos fieles! Porque la Iglesia a lo largo de la historia sigue fallando. En muchos aspectos como el Israel del Antiguo Testamento. Y cuando nosotros fallamos es el nombre de Dios el que recibe la burla y la crítica. Así que somos receptores de una misericordia y gracia infinitas y completamente inmerecidas.

Recibir la misericorida inmerecida de Dios, eso es gracia.

Y lo que nosotros hemos recibido es aún una demostración más grande y completa de la gracia de Dios. Nosotros hemos recibido una lección más grande porque nosotros tenemos la historia completa.

Samuel les estaba recordando algunos momentos clave de la historia de Israel. A nosotros se nos ha revelado la historia completa, el apóstol Pablo nos dice que lo que les pasó a los israelitas fue un ejemplo para nosotros (1 Cor. 10:6) ¡Aprendamos de la historia!

A nosotros se nos ha revelado el verdadero rescate de Dios. El rescatador y salvador fue alguien muchísimo más grande que los jueces, infinitamente más justo y sabio que Samuel y además fue el verdadero Rey de Israel.

¡Nostros hemos recibido la historia más grande y completa en Cristo!

En Jesús … por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. (Rom. 5:2).

Rom 5 continúa:

6 A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados… Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto:en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. 9 Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios! 10 Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida! 11 Y no sólo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a él ya hemos recibido la reconciliación.

Conclusión.

1 Samuel 12 es una invitación al arrepentimiento.

Aunque Israel había fracasado vez tras vez, una y otra vez, Dios seguía extendiéndoles su misericordia, su inmerecida misericordia, setenta veces siete y mucho más aún. Dios quiere derramar su gracia en todos nosotros ¿Quieres más de su gracia?

Pero no olvides: Es también la gracia la que nos cambia, no solamente nos perdona sino que también cambia nuestros corazones. En otras palabras: La gracia de Dios en Jesús te recibe tal como eres, pero no te deja tal como eres. “Aprendan de la historia, teman al Señor su Dios”, esa es también la voz de la gracia.

Y en este pasaje vemos finalmente a un buen pastor, haciendo lo que todo pastor debe hacer por su iglesia: enseñarles y orar por ellos. En el versículo 23:

23 En cuanto a mí, que el SEÑOR me libre de pecar contra él dejando de orar por ustedes. Yo seguiré enseñándoles el camino bueno y recto.

Samuel les enseñó, les recordó su historia, les señaló su pecado y la misericordia de Dios y oró por ellos hasta el último. Su advertencia final es:

24 Pero los exhorto a temer al SEÑOR y a servirle fielmente y de todo corazón, recordando los grandes beneficios que él ha hecho en favor de ustedes. 25 Si persisten en la maldad, tanto ustedes como su rey serán destruidos.

Esta es una fotografía precisa del carácter de Dios todopoderoso. A pesar de la persistencia del pecado de su pueblo, Él responde con misericordia y con bondad.

La misma cosa vemos en Samuel. Dios toma la maldad del pueblo al rechazarle a Él y exigir un rey como las naciones pero Él tuerce esta situación de manera tal que al final les demuestra su pecado para causarles arrepentimiento y que ellos le sirvan a Él. En lugar de condenación y su ira, que es lo que ellos merecían, Dios les envía a Samuel con este poderoso sermón que es un recordatorio de su historia, una historia de misericordia y gracia.

Es lo que el Nuevo Testamento también nos enseña. Romanos 8 habla de cómo todas las situaciones, todas las cosas ayudan a bien para aquellos que le aman.

Pero entendamos esto claramente: el bien que Él desea para nosotros no es nuestra comodidad, no es que se nos dé mucha importancia, no es nuestra victoria sobre nuestros enemigos. El bien que Dios tiene para nosotros es que seamos cada vez más y más conformados a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Un corazón puro que teme y obedece. ¡Ese es el máximo bien que Dios quiere y tiene para ti y para mí!

La Biblia es el gran libro de Historia del universo. Nosotros tenemos un sistema seguro de prevención de desastre ¡Aprendámoslo! Leamos y aprendamos de manera tal que cuando la crisis llegue a nuestras puertas sepamos cómo responder, no cometamos los mismos errores del Israel antiguo, tomemos a Jesús seriamente, tomemos su Palabra seriamente y veamos cómo Él nos bendice transtornando el mal en bien en nuestras vidas.

Amén.

 

 

 

 

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