1 Samuel 8 “Un Rey exigido”

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1 Samuel 8 (Nueva Versión Internacional (NVI))

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“Un Rey Exigido”

El pasaje de hoy nos lleva a re–examinar dos palabras muy importantes: “responsabilidad” y “soberanía”. Para ponerlo en una sola oración: el tema del capítulo 8 es “¿quién es el verdadero Rey de Israel?”.

Oremos.

 

Y lo primero que sale a relucir en la lectura de este capítulo es el tema de los hijos. Los hijos de Samuel que son como los hijos de Elí.

Y este tema es un tema recurrente en todo el libro. Por eso, he querido desarrollarlo hoy. Por lo tanto el sermón de hoy tendrá dos partes.

En la primera tocaremos este tema que ya ha surgido en los capítulos anteriores, el tema de la paternidad y la responsabilidad de ser padres.

En la segunda parte examinaremos el corazón de la petición por un rey para Israel y lo que está detrás de este pedido.

 

Comencemos con la primera parte.

Lecciones para los padres.

1Samuel 8:3

“Pero ninguno de los dos siguió el ejemplo de su padre, sino que ambos se dejaron guiar por la avaricia, aceptando sobornos y pervirtiendo la justicia.”

Samuel nos sorprende porque vemos que los hijos del más grande profeta, sacerdote y juez de su tiempo no son para nada como su padre ¡Todo lo contrario!

A los hijos de Samuel les faltó la integridad moral para ser líderes, ellos fueron codiciosos, aceptaron sobornos y finalmente pervirtieron el derecho, esto quiere decir que en lugar de juzgar con justicia ellos emitían sentencias que beneficiaban a los que les pagaban los sobornos ¡cuántos criminales habrán dejado ir impunes por su codicia y deseos de enriquecerse!

Es sorprendente la similitud entre los hijos de Samuel y los hijos de Elí en los capítulos 2 al 4. La advertencia es bastante clara y fuerte y considero muy importante que hoy meditemos sobre algunas conclusiones acerca de lo que nos enseña la Biblia a los padres y lo que 1 Samuel nos está presentando y recordando.

 

El llamado primordial de responsabilidad es a los papás.

¿Se dieron cuenta que en ambos relatos de “hijos malos” no se menciona a la mamá? Las referencias son siempre a “los hijos de Elí” y “los hijos de Samuel” (más adelante en la historia veremos a los “hijos de David”). ¿Por qué? No se trata de una referencia cultural donde la mujer no recibe importancia por asuntos culturales ¡ El libro comienza con la historia de una mujer! Y ella se ha convertido en nuestra heroína, porque es un ejemplo de fe y entrega a Dios.

Entonces ¿por qué este énfasis que estos hijos son “hijos de sus padres”? Bueno el libro mismo no lo dice; pero vemos en el resto de las Escrituras desde el Génesis (creando primero a Adán y delegándole el cuidado del jardín y de su esposa. Sobre todo en el hecho que fue Eva la que comió el fruto, pero es a Adán a quien Dios demanda cuentas) hasta el  Nuevo Testamento, que Dios ha delegado autoridad y responsabilidad al varón como el líder de su familia. La Biblia utiliza el término “cabeza” para el varón. De esta manera enseña que la autoridad y la responsabilidad en la familia es principalmente dada al varón; mientras que la esposa es ayuda idónea.

Esto no tiene que ver con algo cultural o con el machismo porque la Biblia establece y define qué quiere decir “ser cabeza”. Ser cabeza es ser como Cristo (Efesios 5:25–27). Autoridad no significa poder. Ser cabeza no significa ser jefe sino ser el líder, un líder como Jesucristo quien sirvió y se entregó por su iglesia, dio su vida por su iglesia.

Este es el rol que Dios a dado a los varones. Y esto es por diseño de Dios ¡no porque seamos mejores o más capaces! De hecho, nuestro pecado se manifiesta de manera particular en nosotros los hombres siendo perezosos y reacios a cumplir con este rol ¡como Elí es presentado en su silla todo el tiempo!

Ambos padres aman y cuidan y educan a sus hijos, pero la responsabilidad de pastorear y guiar, servir y conducir a los hijos al Señor es dada principalmente a los papás. Por eso la Biblia se refiere a los hijos de Elí y de Samuel, hay una expectativa. Y lamentablemente los hijos de estos hombres no temen al Señor. Algo salió mal. ¿Qué fue?

La Biblia no lo dice específicamente. Pero podemos extraer los siguientes principios prácticos y aprender, estas vidas son un ejemplo potente para nosotros ¡Escuchen papás! Podemos aprender importantes lecciones de estas situaciones para que lo que les pasó a los hijos de Elí y Samuel no les pase a los nuestros.

 

1° ORA POR TUS HIJOS.

Cuando Elí reprochó a sus hijos por su pecado él les dijo: “si alguien peca contra el Señor… ¿quién podrá interceder por él?” ¡Él debía interceder por sus hijos! Como sacerdote y como padre. No seamos como Elí, oremos por nuestros hijos. Ora por ellos todos los días. Y para orar de manera apropiada pasa el tiempo con tus hijos, conversa con ellos, escúchales. Mira la tele con ellos, escucha la música que les gusta, aprende sus debilidades y sus propias tentaciones y ora por ellos.

2° SI AÚN ESTÁN EN EDAD APROPIADA DECIDE APROPIADAMENTE POR ELLOS.

Todos nuestros hijos llegan a una edad (reconocida incluso por la ley) donde son hábiles por derecho y (ojalá) con la madurez necesaria para tomar sus propias decisiones.

Pero mientras estén aún bajo nuestro cuidado ¡nosotros tomemos buenas decisiones por ellos!

Me sorprende cuánta libertad tienen niños y niñas en nuestra cultura. Están tan acostumbrados a elegir y decidir siendo aún muy chicos. Vemos situaciones que nos muestran dónde verdaderamente estamos poniendo nuestro interés como padres.

Por ejemplo, ningún niño tiene la opción de dejar de ir al colegio ¡cualquier papá que saque a su hijo del colegio y le permita hacer lo que quiera a los 12 o 13 años es visto como un mal padre! Aún en nuestra sociedad cada día más liberal.

Pero muchos padres que velan con rigor y disciplina la educación secular de sus hijos no se preocupan por su educación espiritual, en cuanto a temas morales, de disciplina, de escoger sus amistades, de decidir qué hacer con su tiempo libre ¡esta generación esta viendo demasiada permisividad y liberalismo!

¡Envíen a sus hijos a la iglesia!, a las actividades especialmente preparadas para ellos ¡ora no solamente por ellos sino también con ellos!, ¡sé tú el primero en alentar la lectura de la Biblia en tu casa! Toma decisiones, no cedas, hazlo con amor pero también con decisión y con perseverancia. ¡Se van a quejar! Van a decir que eres un “canuto” o “fome”, pero tú estás enseñando y amando a tus hijos al hacer esto más que cuando les das de comer o les compras el celular que tanto querían o les envías al mejor colegio.

Tu fe, el anhelo por la salvación de tus hijos se verá en cómo eres decidido en el tema de su formación bíblica, sus amistades, cómo pasa el tiempo, con quién pasa el tiempo.

¡Papá, toma decisiones significativas en la vida de tus hijos! No esperes a ser viejo como Samuel quien les puso en una situación de tanta responsabilidad cuando no estaban preparados para cumplir con esa tarea.

3° CONFÍA.

Más adelante en la historia veremos a un hijo que es temeroso de Dios, valiente, fiel e íntegro. Se trata de Jonatán, el hijo de Saúl. ¡Un buen hijo de un mal padre!

Esto nos muestra que al final Dios puede corregir o educar hijos fieles aún en los más terribles ambientes y aún con el descuido de los padres. El mismo Samuel se crió bajo la tutela de Elí.

Así que, finalmente, papá: descansa y confía en el Señor.

Si tú confías en Jesús, si tú le has entregado tu vida con fe, entonces Él tiene a tus hijos y a ti mismo en sus manos, ¡confía y descansa en el Señor!

¡Pero esto no quiere decir que dejemos de hacer lo anterior! Al contrario esfuérzate como si la vida eterna de tus hijos estuviera en tus manos y dependiera de tus acciones y decisiones, ora fervientemente y toma decisiones firmes, enseña, ama, cuida.

Pero cuando ellos lleguen a la edad de la decisión confía, sigue orando y descansa, sigue amando, y espera, sigue siendo ejemplo y ten fe. Porque al final del día tu vida, tus hijos, tu familia están en las manos de Dios.

 

Creo que ahora es un momento oportuno para buscar la ayuda del Señor, para reconocer nuestras fallas y nuestro pecado, nuestra lejanía de la vida de nuestros hijos, nuestra flojera y pasividad. Ahora es el tiempo para cambiar y para confiar y esforzarnos en la gracia que sólo Jesús puede darnos.

Tomemos un tiempo para orar. Especialmente los que somos padres. Oremos y toda la congregación ore por los papás en este lugar.

 

 

Ahora continuemos con la segunda parte del sermón.

Un rey exigido 8:4-22

Ya que los hijos de Samuel no están a la altura de su padre y son los que han estado liderando al pueblo. Vemos en el versículo 4 que los ancianos de Israel se juntaron para hablar con Samuel.

Ellos vienen con un cuestionamiento, la pregunta es “¿qué vamos a hacer?, tú estás viejo y has sido un buen líder, pero no tus hijos”.

Y la solución que plantean es: “Queremos un rey, dános un rey” (v.5).

Pensemos un poco acerca de esta situación.

Por un lado hay buenos motivos para pedir rey:

1. Israel había pasado tiempos de mucho desorden y dolor como consecuencia de su pecado. Ahora ellos habían tenido un buen líder y se dan cuenta que no quieren volver a los días de los jueces, a los días de los hijos de Elí, los días donde “cada quien hacía lo que mejor le parecía”.

2. Un rey unificaría al pueblo y les guiaría, ellos no estarían más sin un liderazgo claro y visible.

3. La razón más fuerte para pedir un rey es que Dios mismo había prometido que Israel tendría un rey. Deuteronomio 17:14–15 dice lo siguiente: “Cuando tomes posesión de la tierra que te da el SEÑOR tu Dios, y te establezcas, si alguna vez dices:”Quiero tener sobre mí un rey que me gobierne, así como lo tienen todas las naciones que me rodean”, asegúrate de nombrar como rey a uno de tu mismo pueblo, uno que el SEÑOR tu Dios elija. No aceptes como rey a ningún forastero ni extranjero.”

Entonces hay buenas razones para querer tener un rey. Pero no le gustó para nada a Samuel este pedido (v.6).

Quizá se sintió ofendido por el rechazo a sus hijos, no sabemos. Pero como él es un hombre que confía en el Señor, él acude a Dios en oración.

La respuesta que Samuel recibe de parte de Dios es reveladora, es potente y decisiva.

La petición de los israelitas es mala y  fue desagradable a los ojos de Dios. ¿Por qué?

El versículo 7 dice que al pedir un rey, los israelitas desecharon o rechazaron a Dios.

¡Israel ya tiene rey! Su rey es El Señor de los ejércitos. Pero no es suficiente para ellos. Veamos nuevamente las palabras que usaron para pedir rey.

Ellos pidieron “un rey… como las naciones” ¡En el fondo ellos están viendo a los pueblos vecinos y deseando ser como ellos! No están satisfechos con lo que son y tienen en Israel. A sus ojos su situación no es buena y los vecinos están mejor ¿cuál es el factor del bienestar de los otros? ¡tienen rey!… entonces nosotros también lo queremos. Ese fue el tipo de pensamiento que está detrás de la petición. Querer ser como las naciones. Ellos están buscando una solución humana, una respuesta humana ¡esto es idolatría! Buscaron satisfacción en algo creado, no en el creador.

¡Esto es terrible!

Ya parten mal de inicio porque se acercan a Samuel con todo ya conversado, arreglado y consensuado, ellos hicieron escuchar “la voz del pueblo” ¡es un acto democrático lo que vemos en este capítulo! Pero en temas de la fe, en lo que respecta a Dios y la adoración al Señor de los Ejércitos, el sistema de gobierno no es democrático, es monárquico. Dios es el rey, todos están a su servicio y se someten a su voluntad. Los planetas, las galaxias, los mares, la naturaleza, la más pequeña bacteria y el más inteligente de los seres humanos están bajo el gobierno de Dios. Pero sólo unos le reconocen como su rey.

Israel debía reconocer el gobierno de Dios, hasta ahora Él había sido su ayuda, su guía. Dios había rescatado a sus antepasados de Egipto, les había guiado y alimentado en el desierto y a pesar de toda su infidelidad y su maldad, les había rescatado vez tras vez cuando sus enemigos les oprimían. Pero ellos querían un rey humano.

Ellos quieren ser como las otras naciones.

Conclusión.

¡Esta es una gran advertencia!

Hoy Dios sigue reinando sobre todos. Pero al igual que con Israel, hoy Dios también tiene un pueblo especial y les ha dado un rey. Este pueblo especial y escogido por Dios es la iglesia y su rey es Jesucristo.

Y de igual manera que Dios se comunicaba mediante su palabra enregada a los profetas, ahora nosotros tenemos la Palabra completa a nuestra disposición. Dios reinaba en Israel y lo hacía mediante la palabra que daba a su pueblo por medio de los profetas como Samuel. Hoy Dios reina sobre su iglesia, Jesús es su rey y gobierna mediante su Palabra enregada a nosotros lo medio de las Escrituras.

El problema es que a veces su pueblo tiene la mirada puesta en otras cosas, en ser “como las naciones”, como los demás. Desviamos tan rápido la mirada a cosas, juguetes, distracciones, activismos, incluso personas “que van a solucionar nuestros problemas” o “van a hacerme sentir mejor o más seguro”. Y hacemos como los ancianos de Israel, buscamos la aprobación de la mayoría, que todo esté políticamente correcto.

¡Cuidado! La advertencia es grande y fuerte porque ¿qué puede sucedernos?, ¿qué sucedió con Israel y su pedido? ¡Dios les dio lo que estaban pidiendo!

La respuesta del Señor a Samuel es que les dará exactamente lo que le pidieron: un rey como los reyes de las naciones.

Un rey que no les hará bien, un rey que reinará de acuerdo a estándares humanos. Ellos le habían rechazado como rey, entonces Él les dará lo que quieren (vv.8-9).

Vv. 10-18 Un rey que tomará en lugar de dar y servir.

En los Vv. 19-22 el pueblo entero ahora repite lo que habían dicho los ancianos: quieren un rey como las naciones, que les dirija en batalla ¡Ellos han olvidado que la batalla es del Señor! Y que Él peleaba por ellos.

¿Queremos también eso nosotros?, ¿quieres vivir sin un rey?

Otra cosa que los israelitas olvidaron fue que su verdadero rey, el Señor, era un rey justo y bueno. Nosotros sabemos esto, pues Jesús, el rey de la Iglesia “no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Jesús es un rey que busca tu bien, que te ama y que te quiere dar lo mejor. ¿Qué es lo mejor que tiene Dios para darte? ¡Él mismo!

Hoy todos nosotros pongamos los ojos en el Señor y hagamos un compromiso para seguirle y someternos a su gobierno. Papás, mamás, hijos, jóvenes y adultos… todos nosotros somos el pueblo de Dios ¡esto debe verse en mi sometimiento a su gobierno! Mediante nuestra obediencia obediencia a las Escrituras.

Oremos.

 

 

 

 

 

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